Mostrando entradas con la etiqueta Babilonia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Babilonia. Mostrar todas las entradas

La Cábala: De Moisés a Babilonia

 

La historia y los orígenes de la cábala, así como sus fundamentos y su discurso han estado, y siguen estando, rodeados de misterios.

No se puede separar la cábala de la historia, la vida, la cultura y las creencias del pueblo hebreo. Sin embargo, si hoy en día conocemos el recorrido histórico del pueblo de Israel y los orígenes históricos tanto de la Biblia como de la cábala, en cambio las circunstancias en las que esta última nació no son muy conocidas.

¿QUÉ ES LA CÁBALA?

Qabbalah, en hebreo, significa esquemáticamente "Tradición" o "Revelación". La mayoría de las veces, se dice que procede de los tiempos de Moisés, el padre del monoteísmo, es decir, del siglo XIII antes de nuestra era. Qabbalah sería, pues, Qibel, La ley oral, que Moisés recibió de la mano de Dios en el Monte Sinaí, al mismo tiempo que la Torah o Ley escrita.
Esta referencia es muy interesante si entendemos que estamos en presencia, por una parte, de una Ley oral,y, por otra, de una Ley escrita. En efecto, en aquellos tiempos remotos, en que la escritura todavía no formaba parte integrante de la cultura y de la vida cotidiana de los hombres, difícilmente se podía plantear su utilización para nombrar lo innombrable: ¡lo Divino!
No debemos olvidar que las primeras escrituras cuneiformes mesopotámicas, y más tarde el primer alfabeto, creado por el gran pueblo de marineros y comerciantes de los fenicios, se emplearon para organizar la vida social, administrativa y, actualmente diríamos, civil y política, para presumir de los méritos de los reyes y contar las hazañas guerreras ejércitos. Por lo tanto, que las reglas de la vida social de carácter religioso y las que figuran en la Torah fueran escritas era muy comprensible en aquella época. Pero también se entiende que lo que revela algo sagrado y Divino, y con mayor motivo, una entidad superior a todas las existentes y a la que Moisés invoca, no pueda fijarse de una vez por todas en un esquema que sería susceptible de convertirle en palpable y accesible, y reducido a un simple nombre.
De entrada, diferenciamos dos corrientes distintas y complementarias: la primera se refiere únicamente a la Ley escrita, corriente que podríamos calificar de religiosa, susceptible de suscitar todo tipo de reflexiones, de debates y profundos estudios de orden moral, filosófico o incluso jurídico; la segunda se inspira en una Ley transmitida exclusivamente de forma oral y se basa al mismo tiempo en una iniciación y una experiencia directa, haciendo así alusión a una perspectiva mucho más mística.
Por supuesto, la cábala corresponde a esta segunda vía. Razón por la cual siempre estuvo rodeada de misterios y, por eso, fue blanco de las interpretaciones más fantasiosas. Algunos dicen, incluso, que pasar por la experiencia de la cábala puede volver loco o poner en peligro al adepto no preparado, mal instruido o que no ha sido iniciado. Realmente, resulta muy difícil traducir los grandes principios transmitidos por la cábala, puesto que utiliza factores y elementos que son accesibles más fácilmente a través del pensamiento puro que mediante conceptos.

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS CONOCIDOS DE LA CÁBALA

Al hablar de Moisés, no hacemos más que considerar una probabilidad en relación con los orígenes históricos de la cábala. De hecho, encontramos sus primeras huellas auténticas identificables a partir del año 538 antes de Cristo, en el momento en que Ciro, rey de los persas, avaló a los exiliados de la tribu de Judea para que el pueblo hebreo pudiera volver a Jerusalén. Tal vez recordaremos que entonces, en la actual Tel Aviv, Babilonia, el profeta Ezequiel anunciaba la resurrección de Jerusalén, consultando los oráculos con amuletos de huesos desecados (Ezequiel, 37, 1-14). Lo que nos confirma de paso que algunos de los profetas de la Biblia, como por ejemplo Ezequiel, empleaban con frecuencia la videncia deductiva. Este período, durante el cual el pueblo de Israel recobraba su identidad, coincide con aquel en que, en las regiones de Oriente Medio, cuna de nuestra civilización moderna, se mezclaban los magos babilonios, caldeos, arameos y persas; período también que vio cómo se sustituía la lengua acadia por la lengua aramea, mucho después de que la primera hubiera sustituido la sumeria, lengua original de Mesopotamia. Es muy importante subrayar todos los detalles de este contexto cultural tan cargado, donde las creencias, las adivinaciones y los adivinos múltiples y variados casi siempre se cruzan, a veces incluso confunden, y donde para algunos fue primordial preservar una tradición, a riesgo justamente de perderse en dicho contexto.
Ya se sabe a través de la Biblia y la historia lo que ocurrió con esta mezcla, de este concierto de conocimientos y saberes de aquella época y cuyo símbolo fue la Torre de Babel, es decir, el zigurat de Babilonia. Sin embargo, no se duda que Babilonia fuera entonces un lugar importante de conocimientos y de saber de la humanidad, que tal vez habría podido ser un trampolín de una evolución más rápida para la humanidad, si no se hubieran cometido ya algunos abusos en esos tiempos remotos, puesto que el mismo Pitágoras (filósofo y matemático griego, nacido hacia 570 y muerto hacia 480 antes de Cristo) llegó a consultar a los magos de la gran ciudad e iniciarse en sus escuelas.
También fue durante el dominio aqueménida de los reyes persas cuando se constituyó por primera vez el zodiaco de los 12 signos y aparecieron las primeras huellas de la astrología llamada geneática, es decir, que tiene en cuenta la fecha del nacimiento de un individuo, mientras los redactores judíos de la Biblia escribían Las Crónicas, Los Proverbios, El Libro de Job, los libros proféticos de Zacarías, Ageo y Malaquías, y sobre todo, el espléndido Cantar de los Cantares, texto poético y místico, del cual los cabalistas reivindican su única interpretación posible.


La oniromancia en Babilonia

 

La interpretación de los sueños en Mesopotamia iba acompañada sistemáticamente de un ritual y era patrimonio de lo divino o del sacerdote.

Al hablar de la interpretación de los sueños en Babilonia, nos referimos a la tradición sumerio-acadia, asiria y caldea del arte de la adivinación y de la ciencia de los presagios, tal como se practicó en Mesopotamia.

La oniromancia, es decir, la interpretación de los sueños, ocupó un lugar primordial, evidentemente junto con la astrología, pero también junto a las artes de la aruspicina, es decir, la consulta de las vísceras de los corderos sacrificados -a partir de los cuales el adivino realizaba los oráculos-, la cresmología o la escucha de encantamientos o palabras extáticas, la fisiognomonía o estudio de los rasgos del rostro, la metoposcopia o el análisis de lunares, la oleomancia o adivinación realizada a partir de manchas de aceite, la teratomancia o los presagios relativos a los monstruos de la naturaleza, la belomancia que se practicaba dejando caer varias flechas o bastones al suelo y, finalmente y sobre todo, la cledonomancia, un arte adivinatoria basada en las coincidencias y correspondencias entre algunos acontecimientos fortuitos o naturales que se producían en un momento determinado, o en el momento que el consultante planteaba ciertas preguntas puntuales y relacionadas a las dificultades que se encontraba en la vida. En todas las civilizaciones, a la hora de consultar el oráculo de los dioses en cualquiera de estas formas, se recurría al adivino o bârû, un iniciado en el sentido verdadero de la palabra, que no sólo se mantenía en el más absoluto secreto y en la total confidencialidad, sino también en tanto que se sometía a ritos, usos, principios y reglas muy estrictas que le habían sido impuestos. Entonces, se puede considerar que ser adivino en Mesopotamia era un trabajo que implicaba un compromiso y una ética, sobre la que todos aquellos que hoy presumen de adivinos deberían meditar.

ZIQIQU, EL DIOS-SUEÑO, MENSAJERO DIVINO

Según la tradición y las creencias babilónicas, el sueño es un dios que toma el aspecto de un soplo, el Ziqiqu, que al caer la noche vaga entre el cielo y la tierra. Ziqiqu, el dios-sueño, es un demonio nocturno. Es una creación de la noche. Sin embargo, tal como lo describen los asirios, nos recuerda al doble etéreo y a la imagen del ángel como se representaría posteriormente, empezando por la que se plantearon los cabalistas con la noción de Selem o cuerpo astral. En efecto, el dios-sueño se sitúa bajo la doble influencia de Shamash o Uto, el Sol -que durante la noche continúa su viaje en el mundo oscuro e infernal y, por eso, se le consideraba el "rey de los espectros"-, y del dios Luna Sin o Nanna -que era un dios masculino e hijo de Enlil, una divinidad primordial y superior en el panteón de los numerosos dioses mesopotámicos, asociado al destino de los hombres-, pero también, en cierta forma, a la atmósfera de la Tierra, al Aire en tanto que elemento y, por consiguiente, al soplo en que aparece el Ziqiqu, el dios-sueño.

LA INTERPRETACIÖN DE LOS SUEÑOS EN BABILONIA

Para practicar el arte adivinatoria de la oniromancia e interpretar el mensaje transmitido por el dios-sueño, el adivino babilónico debe recurrir a las fuentes de su imaginación, además de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños de que dispone. Sin embargo, en Babilonia, solamente un adivino o sacerdote, llamado sha'ilu, "el interrogador", era capaz de interpretar un sueño. Además, al tener el sueño un carácter mágico, sagrado y demoníaco, se desaconsejaba al soñador entregar su sueño a otra persona que no fuera el adivino. Cuando el soñador se dirige a este último para descubrir y entender la interpretación que le dará de su sueño, el sha'ilu, antes de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños y dar libre curso a su inspiración e imaginación para resolver el enigma de un sueño, leerá los textos rituales. De manera que la interpretación de un sueño va acompañada de una ceremonia. Por eso, este acto que lleva a cabo el adivino no es anodino, el soñador mide también su importancia y gravedad.
Estos textos enseñan que, para el soñador, contar o explicar su sueño, también es liberarse y librarse del mismo. Ahí se encuentra la noción de exorcismo inherente a cualquier cultura mesopotámica, donde las prácticas de la adivinación y la medicina siempre tenían  un carácter expiatorio y saludable.

LOS FORMULARIOS DE ONIROMANCIA DE BABILONIA

En Mesopotamia, cuna de la escritura cuneiforme, los hombres utilizaban esta maravillosa y genial invención para organizar la vida social y económica. De tal manera, sus reglas de vida administrativa y sus leyes fueron escritas. Ocurría lo mismo con todo lo que tenía que ver con relatos míticos, el panteón de los innumerables dioses, la adivinación y los presagios. En los archivos reales de Assurbanipal -gran rey asirio del siglo VII antes de nuestra era que conquistó Egipto y destruyó el Imperio de Elam y creó una fabulosa biblioteca en Nínive, capital de su imperio-, al arqueólogo inglés Austen Henry Layard, en 1850, descubrió más de 25.000 tablas.
Actualmente, se conservan en el British Museum de Londres, y aproximadamente cien de ellas constituyen una verdadera "clave para sueños". A continuación algunos breves extractos de este formulario para la interpretación de sueños, reconstruido metódicamente por el asiriólogo americano Leo Oppenheim. Son pasajes relacionados con animales, por supuesto se trata exclusivamente los que aparecen en sueños:

  • "Si un hombre se encuentra con un caballo: tendrá un salvador."

  • "Si un hombre se encuentra con un mono: tendrá hijos."

  • "Si un hombre se encuentra con una rata: comerá hasta hartarse."

  • "Si un hombre se encuentra con un ave: encontrará el objeto perdido."

  • "Si un hombre atrapa un zorro: tendrá un espíritu protector."

  • "Si atrapa a un zorro y luego se le escapa: un espíritu protector le abandonará."

  • "Si atrapa a un gato: realizará sus deseos y tendrá un espíritu protector."

  • "Si atrapa a un macho cabrío: se apoderará de él un espíritu malo."

  • "Si atrapa a un carnero: la justicia le perseguirá."