La radiestesia o la ramita del zahorí y el péndulo

 

La ramita es el instrumento del zahorí y el péndulo es el de la radiestesia. Pero si bien siempre podemos fiarnos de la ramita del zahorí, no sucede lo mismo con quienes utilizan el péndulo.

No podemos aludir a esta ciencia esotérica sin dejar de recalcar hasta qué punto la frontera que separa lo racional de lo irracional, tal como lo concebimos hoy en día, es, a veces, muy delicada. Así, si la curiosidad fue una de las motivaciones principales que empujaron al hombre a estudiar científicamente el mundo a indagar en la realidad hasta sus raíces más profundas, incluso a veces las más insospechadas, tal vez las preocupaciones utilitarias y las aplicaciones prácticas de las investigaciones y descubrimientos científicos resultaron muy determinantes. Cuando observamos la historia, a veces se tiene la sensación de que, en general, el hombre hizo por casualidad un descubrimiento, llamado más tarde científico, con una finalidad puramente utilitaria, que demuestra ingenio y una especie de espíritu de iniciativa, que estableció un sistema que, casi siempre, reproduce lo que ya existe en la naturaleza, y que, una vez establecido, realizado y relativamente fiable, lo estudia científicamente para mejorar sus resultados. Y ahí es cuando comprende verdaderamente cómo funciona, toma medidas, hace cálculos, verificaciones, experiencias, en resumen, se convierte en este hombre de laboratorio que actualmente denominamos científico. En la frontera entre estos dos comportamientos, es decir, por un lado, el descubrimiento espontáneo, sin cálculos de precisión, con fines puramente utilitarios  y, por otro lado, el estudio científico, la observación sistemática de dicho descubrimiento, apareció la radiestesia, de la cual no podemos negar que se basa en unos principios y unos fenómenos conocidos, pero cuestan verificarlos científicamente, porque además de factores tangibles y que se pueden medir, también consta de parámetros que no lo son tanto.

¿QUÉ ES LA RADIESTESIA?

"Radiestesia" es un término bastante reciente, puesto que fue creado a finales del siglo XIX por un abad llamado Bouly para designar una ciencia que se basaba en un sistema y un método que permitía percibir y actuar sobre las radiaciones emitidas por el cuerpo humano en particular, y todos los cuerpos en general.
Procede del latín radius, "rayo", y del griego esthetikos, "que tiene la capacidad de sentir", y del que ha derivado "estética". Dicho de otra forma, literalmente, la radiestesia es la capacidad de sentir los rayos, sentido que, como vemos, se desvía considerablemente del punto de vista científico. En efecto, no decimos de un microscopio, por ejemplo, que tiene la capacidad de ver microbios. Así que la radiestesia, evidentemente, permanece ausente en todas las obras o diccionarios científicos, aunque encontremos largos capítulos dedicados a las radiaciones y los rayos. No es, pues, una ciencia en el sentido en que se entiende hoy en día.

LA RAMITA DEL ZAHORÍ

¿Cuándo, cómo y por qué razón práctica el hombre experimentó la necesidad de "sentir los rayos"? No podemos más que hacer suposiciones al respecto. Pero todo hace pensar que fue, ante todo, para encontrar agua, una fuente en un lugar donde, a priori, parecía haberla. Así, se han descubierto unas pinturas rupestres que datan del neolítico, en las cuevas situadas en el norte del Sahara, sobre las cuales  está representado un hombre con una ramita de zahorí en la mano. Pero también encontramos la famosa ramita de zahorí en el antiguo Egipto, en China y, sobre todo, en la civilización inca. La ramita de avellano, muy utiluzada, volvio a conocer un período de interés en la época de los grandes descubrimientos, puesto que algunos pretendían poder encontrar tesoros o minerales de oro y de metales preciosos gracias a este instrumento. Sin embargo, por razones fáciles de imaginar, quienes se dedicaban a detectar fuentes o acumulaciones de agua mediante la ramita de zahorí eran perseguidos con frecuencia por la Inquisición y puestos en la picota con los brujos y las brujas. Entonces, para la Iglesia, los brujos y brujas obedecían también al demonio.
A principios del siglo XVII, un inspector general de las minas del reino de Luis XIII había encontrado más de 150 vetas gracias a una ramita de avellano. Durante ese siglo, pero esta vez hacia finales del mismo, otro adepto a la ramita de avellano se hizo ilustre. Se trataba de un tal Jacques Aymar, de quien se oyó hablar porque podía reconocer los autores de algunos crímenes únicamente gracias a su varilla.
Ciertamente, todo esto provocaría más de una sonrisa hoy en día. Preferimos fiarnos de las huellas, llamadas genéticas. Hasta el día en que, tal vez, nos demos cuenta de que existen otras huellas todavía más indelebles: las que dejan nuestros actos en nuestras almas. Pero todavía no hemos llegado al punto de admitir que el alma se detecta por ciertas radiaciones que le son propias y que emanan de todos nosotros.

EL PÉNDULO


A partir de finales del siglo XIX, como ya hemos visto, apareció el término "radiestesia", al mismo tiempo que se extendía el uso del péndulo entre los que practicaban esta ciencia diferente. El primero en utilizar con asiduidad el péndulo fue el famoso abad Bouly, que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX y al que ya hemos hecho alusión. Lo usó especialmente para detectar muchos emplazamientos arqueológicos de la Edad Media y de la época galo-romana y de finales de la primera guerra mundial, cuando había sido enviado por el gobierno francés para rastrear las minas y los obuses. Como vemos, ni la Iglesia -que se había opuesto ferozmente a tales prácticas durante el período de la Inquisición- ni las instituciones -que en esta época eran menos reticentes en lo tocante a este tipo de prácticas, con tal que obtuvieran buenos resultados- despreciaron los servicios del abad Bouly. Sin embargo, aunque el movimiento del péndulo se basa en una ley fundamental enunciada en su tiempo por Galileo, y de la que nadie niega su exactitud, el uso que hacen los radiestesistas, especialmente como ayuda o soporte al diagnóstico médico, tal vez deba ponerse en duda. No diremos que no tiene fundamento; pero, dado que no se apoya sobre ninguna regla ni deontología, basta con que algunos tengan este instrumento entre sus manos para creerse provistos de un don sobrenatural que les permite curar o detectar fuentes, tesoros o la hucha de una abuela difunta. Así pues, si bien la ramita de zahorí ha dado prueba de sus aptitudes desde hace al menos 6.000 años, las del péndulo siguen sin demostrarse.




¿De dónde vienen los ángeles?

 

Todos hemos oído hablar de los espíritus de la naturaleza, de genios buenos y de ángeles de la guarda. Pero, para conocer la verdadera historia de éstos, debemos empezar por descubrir sus orígenes.

La etimología de una palabra contiene a menudo las claves de su origen, de su significado. Éste es el caso de "ángel", forma derivada del latín angelus, y tomada del griego angelos, donde significaba "nuncio", "mensajero", la cual pronto empezó a usarse en el sentido de "mensajero de Dios". Ahora bien, angelos se empleó también para traducir un nombre hebreo muy antiguo: Mal'ak o Malakh (el mensajero), cuyo origen se remonta cuando menos al principio del primer milenio antes de nuestra era.

EL MENSAJERO DE DIOS

Hacia el siglo V a.C. aparece en el Antiguo Testamento el profeta Malakhi o Malaquías (cuyo nombre podríamos traducir por: "Mi mensajero", es decir, el de Dios). Este enviado divino anunció la vuelta de otro profeta, Elías. Su nombre significa "Yahvé es mi Dios".
De tal modo, y a partir de su etimología, se entiende que un ángel es un mensajero, un enviado de Dios, un cartero celestial, un intermediario entre el cielo y la Tierra, al que podemos fácilmente relacionar con los mitos y los símbolos del dios clásico Hermes-Mercurio, el intermediario entre los dioses y los hombres según las mitologías griega y romana. Éste es representado con dos alas en los tobillos, símbolos de inteligencia, espíritu y genio, pero también de clarividencia.
No obstante, todo esto no explica de qué modo se llegó a creer en los ángeles y en sus poderes, a invocar sus nombres, su protección.
En efecto, aunque percibimos claramente en los relatos bíblicos (del Antiguo al Nuevo Testamento) las funciones de profeta y de mensajero o de enviado de Dios que desempeña el ángel, no vemos tan claro cómo puede este influir en el destino de alguien en particular y convertirse en su ángel guardián. Para entenderlo hemos de remontarnos hasta la Persia del siglo VI a.C., lugar y época en que Zaratustra profetizaba.

DE LOS DIOSES A LOS ÁNGELES

En aquel tiempo, Zaratustra fundó la religión zoroástrica, cuya originalidad reside en que se basa en una síntesis de tres culturas religiosas: la de la India, la de Grecia y la de Oriente Medio. Así pues, según Zaratustra, el destino era el gran principio universal al cual toda manifestación de vida, en la Tierra y en el cielo, estaba sometida. Tal destino emanaba de una sabiduría primordial, de una voluntad inmanente que, en función de las circunstancias, se revelaba creadora o destructiva. Por otra parte, exceptuando a los hebreos, monoteístas, todos los pueblos contemporáneos de Zaratustra tuvieron su panteón de divinidades múltiples y variadas. Cada una de éstas era responsable o ejercía un poder, una influencia, sobre una u otra manifestación de la vida, sobre uno u otro principio de la naturaleza.
Partiendo de tales hechos, Zaratustra tuvo la genial idea, o la visión, de integrar esas divinidades en su religión, atribuyéndoles funciones de guardianes, protectores, responsables de los grandes esfuerzos de la naturaleza, de las manifestaciones y misterios de la vida en la Tierra, del destino de los pueblos y de cada individuo. En la religión zoroástrica, cada divinidad era la guardiana del destino de los principios naturales, de las plantas, de los animales y de los hombres. Cada cual podía tener su divinidad protectora, su buen genio, su servidor -que los discípulos de Zaratustra llaman Yazata, el Adorable-, el cual regía su destino. De las divinidades a los ángeles la distancia es muy corta: a partir de entonces, el ángel fue a la vez Malakh y Yazata, el mensajero y el adorable, el protector, el enviado de Dios entre los hombres.

ÁNGELES Y DIVINIDADES

Durante el siglo XVI, el interés por el culto a los ángeles experimentó un resurgimiento entre sabios y filósofos, lo mismo ocurrió con la cábala y las ciencias esotéricas. El alemán Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim, doctor en teología, abogado, médico y astrólogo, escribió en su obra De la filosofía oculta, publicada simultáneamente en Amberes y en París en 1531, lo siguiente:
"Nadie ignora que con buenas obras, un espíritu sano, oraciones místicas, piadosas mortificaciones y otras cosas parecidas, podemos atraer a los ángeles de los cielos. Por lo tanto, no hay duda alguna, de que del mismo modo, y mediante ciertas cosas del mundo material, podamos atraer también a las divinidades del mundo, o al menos a los espíritus, agentes y acompañantes de éstas".

DE LOS ÁNGELES A LOS HOMBRES

Fue a principios del siglo VI de nuestra era cuando Dionisio el Areopagita, un monje sirio, inspirado en las creencias judías, cristianas y zoroástricas, y bajo la influencia de Plotino y Platón, compuso una jerarquía celestial, en la que emplazó nueve coros de ángeles. Esta jerarquía participó en la elaboración del pensamiento cristiano, y jugó un papel considerable durante la Edad Media. A lo largo de todo este período, y hasta el Renacimiento, los ángeles cobraron gran importancia ante los hombres, y llegaron a convertirse en sus protectores y servidores.

LA JERARQUÍA CELESTE

Según Dionisio el Areopagita, la jerarquía celeste consta de nueve coros de espíritus angélicos; integrado cada uno, a su vez, por nueve ángeles: serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles y ángeles. A partir de esta composición, los astrólogos y los cabalistas del Renacimiento repartieron los 72 ángeles de la jerarquía celeste entre los 360 grados del zodiaco. Cada ángel tenía su morada en el semidecanato -es decir, 5 grados del zodiaco- de un signo astrológico, continuando de este modo un principio que ya utilizaban y puesto en práctica por los astrólogos de los siglos XI y XII, muy influenciados a su vez por los astrólogos, astrónomos y matemáticos árabes.




La Magia: Filtros de amor y afrodisíacos (II)

 

Encantamiento, Hechizo y Filtro de amor

Todo lo que podía favorecer el encantamiento, la embriaguez, la magia del amor, fue muy apreciado  por nuestros antepasados. Chamanes, brujos, magos, conocedores de los elementos y de las plantas, descubrieron nuevas virtudes en hojas, tallos y raíces al aplicarlas como remedios para aliviar o curar el cuerpo y el alma. El ritmo de las palabras, el sonido de la voz, el baile y el canto también podían producir un encantamiento, un hechizo. En Francia, el "encanto" tiene su equivalente en el término charme, cuyo origen remite al latín carduus, cardo, planta de raíz famosa por sus virtudes afrodisíacas: estimula la virilidad de los hombres. Las mujeres utilizaban su espiga para "cardar" la lana, para peinarla y desenredarla rítmicamente, al tiempo que secaban la flor de la planta, que llevaban como amuleto, a fin de atraer los favores de los hombres. También se podría relacionar esta palabra con las raíces de los términos "cardíaco" y "corazón". Y las raíces de "corazón" aún están presentes en voces como "cordial" (nombre que reciben ciertos brebajes reconfortantes), "discordia" y "coraje".
Los hechizos o los filtros de amor sólo podían ser preparados por los iniciados en los misterios de la naturaleza. El período escogido para recoger la planta, la raíz, la flor o la hoja, y el momento privilegiado para preparar la cocción tenían una gran importancia. El viernes, día de Venus, era el día preferido para hacer tales componendas. Era así mismo recomendable esperar a que la Luna estuviera en los signos de Tauro y Escorpio, sobre todo en sus primeros y últimos decanatos, pero también en su décima Casa, situadaentre el vigésimo quinto grado de Cáncer y el octavogrado de Leo, que favorece las conquistas amorosas. También se tomaban en consideración las conjunciones de Mercurio y de Venus, que se producen una vez al año, durante quince días aproximadamente, y las de Venus y Marte, que tienen lugar cada dos años, y cuya duración es variable según sus ciclos zodiacales.

Pequeño diccionario de los afrodisíacos

ANGÉLICA: La raíz, el tallo y la semilla estimulan los ardores amorosos y combaten la frialdad en las mujeres.
APIO: Su hoja tiene fuertes virtudes afrodisíacas, fue un símbolo de potencia viril en Grecia y en Roma. Claudio Galeno, gran médico romano del siglo II de nuestra era, recomendaba su empleo:"Si la mujer supiera lo que el apio hace al hombre, iría a buscarlo incluso a Roma".
CANELA: En Roma, los templos de Venus estaban cubiertos con hojas de canela. Los hebreos utilizaban la canela como ungüento o aceite de masaje. En Oriente, su perfume era muy apreciado. Se le atribuía un poder narcótico y afrodisíaco. En China, la canela era el perfume y el alimento de los dioses. En fitoterapia, se la considera como un fortificante natural. Alejandro Dumas ofrece su receta de agua de canela: "Para obtener un litro de agua de frutas, mezclad 15 gramos de canela triturada, 8 gramos de palo de regaliz, el zumo de medio limón y 12 centilitros de agua. Dejad macerar durante una semana. Filtrar. Añadir un jarabe preparado con 250 gramos de azúcar de caña y medio litro de agua, y dejad reposar el agua de canela en la oscuridad durante tres meses". Finalmente, ¿quién no ha escuchado a maría Dolores Pradera cantando La flor de la canela?
CLAVO: Importado de las Indias, sus propiedades tónicas y afrodisíacas fueron elogiadas por los médicos del Renacimiento: "Si se beben con leche cuatro onzas de esta planta -recomendaba uno de los médicos-, se fortalece la potencia del hombre para hacerle morar con mujer".
GINSENG: La hierba divina o de la inmortalidad de los chinos, cuyas raíces favorecen el tono cardíaco, la longevidad y la potencia sexual. Es, sin duda, el afrodisíaco más eficaz.
HINOJO: Según Plinio el Viejo(sigloI de nuestra era) "las hojas de hinojo poseen grandes virtudes afrodisíacas. El hinojo, tomado de una manera u otra, activa la secreción del esperma y es excelente para todas las afecciones de los órganos sexuales; se puede usar la raíz cocida en vino o en cataplasmas, o bien emplear la planta picada en aceite".
JENGIBRE: En Egipto, en Grecia, en la India y en China, se empleaba en los rituales de amor. Sus raíces contienen virtudes afrodisíacas potentes. Nostradamus aconsejaba la mermelada de jengibre "para que los hombres puedan cumplir el deber de la naturaleza".


La Magia: Filtros de amor y afrodisíacos

Hechizos, encantamientos, estimulantes del deseo y las pasiones, los filtros de amor y los afrodisíacos eran muy apreciados por nuestros antepasados, que creían en sus virtudes.

La Tierra es un jardín. En ese jardín hay un árbol mágico que, desde las  raíces hasta las nervaduras de sus hojas, ofrece frutos sutiles y raros, y cuya ingestión produce efectos secundarios que pueden despertar o excitar los sentidos del hombre y de la mujer.

Al principio, todo el mundo podía probar y saborear las frutas de este árbol sin temor al pecado, a la falta, al arrepentimiento, de donde procede el sentimiento de culpa tan propio de la cultura judeocristiana. Pero este sentimiento, que era un principio religioso o una reflexión metafísica, se transformó en un complejo perverso. El hombre está hecho de tal modo que, si no sacraliza o ritualiza sus actos, tales actos y su vida misma carecen de sentido alguno ante sus propios ojos.

EL AMOR CARNAL Y EL AMOR ESPIRITUAL

Por razones más políticas, sociales y económicas que espirituales, se explotó durante largo tiempo la noción del pecado, con el fin de regular las relaciones carnales entre hombres y mujeres. Pero lamás bella, la más noble, la más eficaz, de todas las normas imaginadas para retener a hombres y mujeres en un cuadro social de límites bien definidos fue sin lugar a dudas la del amor. Pues el amor es una vía del espíritu que sublima y trasciende los movimientos irreprimibles e irresistibles del cuerpo: los impulsos, los deseos ciegos que pueden dar la impresión de que alguien está sometido a una fuerza súbita, mágica, que no controla. Si esta fuerza proviene de la Tierra es obviamente peligrosa, puesto que la Tierra recupera todo lo que da. Pero si proviene  del espíritu o del corazón, entonces es un encantamiento, una gracia de los dioses. Pues si el deseo es más fuerteque uno mismo, el amor puede serlo aún más. El principio masculino -simbolizado por los mitos de Urano, el Cielo y Ares-Marte, el dios de la guerra- se opone al principio femenino -simbolizado por Gea, la Tierra, y Afrodita-Venus, la diosa del amor.
Pero en lo absoluto, cuando estos dos principios se juntan, cuando se fusionan, cuando se funden en uno, no son Cielo-Tierra  (Urano-Gea) ni Marte-Venus (Ares-Afrodita), sino "hermafroditas" (Hermes-Afrodita), es decir , Hermes-Mercurio (el espíritu, la inteligencia) junto con Afrodita-Venus (la emoción, el sentimiento). He aquí la razón por la cual el atraerse de un cuerpo por otro se transforma en la atracción del espíritu por el sentimiento o la emoción. De este modo, amor, emoción y movimiento tienen una etimología y un sentido original comunes. El amor es la atracción que los elementos del cielo y de la Tierra ejercen los unos sobre los otros, que rige el universo. El amor es un encantamiento, un misterio digno de los dioses, y todo lo que puede conducirnos a él es, a la fuerza, benéfico, y merece ser vivido más que nada.


La Magia: Las fórmulas mágicas

 

Actualmente, somos conscientes de que las fórmulas mágicas y encantamientos -es decir, las palabras pronunciadas, murmuradas o cantadas por el hechicero, mago, adivino, chamán o brujo en tiempos pasados, con el fin de invocar un espíritu de la naturaleza, una divinidad o unas fuerzas misteriosas que podían actuar y obrar en lo que hoy en día llamamos mundo físico y material- provocan una sonrisa. Aún más cuando, casi siempre, se nos presentan dentro del contexto de un complejo ceremonial que nos parece anticuado o sin ningún fundamento.
La gente que cree en ellos y los que se dedican a este tipo de rituales, nos parecen fuera del tiempo y poco dignos de confianza. Los exorcistas y curanderos todavía nos merecen un poco de crédito, especialmente cuando la medicina moderna no puede curar, ni tan solo aliviar una persona que padece una grave enfermedad incurable o males que, a pesar de todas las tentativas, han quedado sin remedio. Y sucede a menudo que algunas intervenciones que se inspiran en la magia de nuestros antepasados producen lo que todavía llamamos milagros. Pero nadie puede demostrar si son debidos a los rituales y encantamientos utilizados desde hace milenios, a la personalidad del hechicero o curandero, a la convicción íntima, casi siempre inconsciente, del enfermo por querer curarse por sus propios medios, sin recurrir a la medicina contemporánea, o a otros factores que todavía no sabemos o no queremos comprender actualmente porque no entran en nuestro campo de investigaciones e indagaciones.

LA TEORÍA DEL CAOS

Sin embargo, señalemos que, inspirándose en los principios de la teoría del Caos, recientemente unos matemáticos han establecido unos cálculos que permiten "prever" y, consecuentemente, anticipar las crisis de una persona que padece epilepsia.
No existe, evidentemente, magia alguna en este sistema, puesto que los matemáticos utilizan números para demostrar realmente que aunque los sistemas dinámicos caóticos son deterministas, es decir, sometidos a causas que producen inevitablemente los mismos efectos, no por ello son necesariamente previsibles.
Aquí reside una de las grandes paradojas a las que se ha visto enfrentada la ciencia en nuestros días: ¿cómo puede determinarse una cosa, su fenómeno, su causa y su resultado conocido de antemano, para finalmente revelarse imprevisible, al menos desde un punto de vista científico? Es, pues, gracias a esta paradoja, cuyo principio ha sido demostrado matemáticamente, por lo que algunos científicos -que no tienen la vanidad de creer que la ciencia ostenta todas las claves de los misterios de la vida y de la realidad, y siguen incansablemente sus investigaciones- hoy en día se plantean nuevas perspectivas que, hasta entonces, estaban relegadas a un universo irracional, olvidado, dejado de lado u oculto, porque no se someten a nuestros mismos instrumentos de medición.

LOS NÚMEROS Y LA MAGIA

Ahora bien, en magia, los números desempeñan un papel muy importante, aunque no tengan forzosamente el aspecto de números, sino de símbolos. Por supuesto, en este caso no debemos concebir el número como la representación de una cantidad, sino como un valor numérico absoluto, formando un todo en sí mismo, al que no se le puede sumar ni restar nada. Cada número o Número, es único. Contiene cierta cantidad de cualidades, elementos y factores propios de él y actúa, interviene y también se manifiesta, de forma exclusiva.
El hechicero estaba iniciado, evidentemente, en los poderes de los Números sobre la realidad física y material. Por ello, las fórmulas y encantamientos que pronunciaba y los símbolos geométricos que empleaba, tenían el valor de Números.
Este principio sobre el que se basa la concepción de todos los encantamientos queda perfectamente ilustrado en el lenguaje codificado del alfabeto hebreo, cuyas 22 letras también son Números que, juntos, constituyen el código secreto y sagrado de la cábala, que permite al cabalista efectuar otra lectura de la Biblia. Según este código, al corresponderse cada letra con un Número y al estar formado un nombre por varias letras, un nombre es, pues, un conjunto de Números que -igual que varias notas juntas para producir un acorde en cuyo interior, sin embargo, cada nota conserva su valor intacto- engendra una vibración especial que corresponde exactamente a un gran principio, a una fuerza de la naturaleza.

ABRACADABRA

Para que entendamos bien cómo funciona un encantamiento cuando se pronuncia en el momento oportuno, dentro del contexto ideal y de forma adecuada, tomemos el ejemplo del encantamiento más utilizado en los cuentos de hadas, y que el hada o la bruja, según el caso, pronuncia para producir o deshacer un encantamiento: "abracadabra". Este encantamiento tan antiguo se inspira en el griego. Pero éste, a su vez, salió del hebreo, de manera que está relacionado con las letras-número de la cábala.
En un principio, en hebreo, era arba dak, y significaba literlamente "el cuatro parte" (arba= cuatro y dak=partir).
En realidad, el cuatro que se invocaba en este caso no era otro que el Cuatro, el Número sagrado o criptograma que simbolizaba Yahvé o el Todopoderoso. Y lo que "partía" simplemente eran los cuatro elementos: el Fuego, la Tierra, el Aire y el Agua.
En otros términos, abracadabra -encantamiento, del cual los cabalistas de la Edad Media dijeron que significaba también "padre, espíritu y palabra" (ab ruah dahar), es decir, "la palabra del espíritu del padre"- invoca las fuerzas naturales simbolizadas por el Número Cuatro, que disuelven los cuatro  elementos que rigen la vida sobre la Tierra, sin los cuales el hombre no podría vivir, para que vuelvan a encontrar su armonía original; puesto que este encantamiento, efectivamente, se empleaba exclusivamente con fines terapéuticos. Tenía como objetivo curar al enfermo actuando sobre los cuatro elementos, de los que éste se constituye.



La Magia: Los rituales mágicos

 

El arte de la magia no se efectuaba sin reglas ni leyes y el mago debía atenerse a ellas al pie de la letra.

Si bien durante toda la Edad Media, en Europa, circularon muchos libros mágicos, muy excepcionales, solamente nos quedan de ellos algunas fórmulas que han conseguido superar el paso de los siglos y sobrevivir a las llamas de la Inquisición. A menudo escritos en dialectos hoy en día desaparecidos, a veces mezclados con latín vulgar, no nos dan ninguna indicación concreta, por una parte, sobre la iniciación, sin duda agotadora, por la que debía pasar el mago y, por otra parte, sobre los rituales que hacían para efectuar actos mágicos.

Sólo nos queda la magia, tal como la entendemos hoy, la cual encierra bastantes creencias y costumbres ancestrales, a algunas de las cuales les costó mucho resistir al imperialismo del cristianismo que reinaba en Europa entre los siglos IV y VI de nuestra era, implantado poco a poco por la fuerza, como la historia nos muestra actualmente, para apoderarse del dominio del Imperio y del poder romanos.

LAS CREENCIAS Y COSTUMBRES DE LOS RITUALES MÁGICOS

Si hablamos de creencias y costumbres es porque, en un principio, efectivamente, los rituales tan estrictos a los que se sometían los hechiceros para realizar sus actos mágicos, invocar las grandes fuerzas de la naturaleza y utilizarlas para fines salvadores o destructores, se basaban en sólidas convicciones, costumbres y hábitos de carácter sagrado.
Así es como nuestros antepasados mostraron, desde muy pronto, el mayor respeto por los beneficios que les proporcionaba la gran Madre Naturaleza, al tiempo que eran conscientes de que también podía mostrarse feroz. De manera que, el simple hecho de recoger un fruto en el mismo lugar, en la misma época, cada año, para ellos tenía un carácter sagrado y estaba, pues, impregnado de magia. Por eso, todos los actos que relacionaban al hombre con la naturaleza, su medio natural, su cuna y su tumba, fueron pronto asimilados y luego integrados a los ritos y, por último, no podían cumplirse sin una ceremonia ritual. En efecto, estos actos no podían ser gratuitos, desde el momento en que la naturaleza y sus divinidades ofrecían sus favores.
Después, poco a poco, por una parte la ceremonia ritual que precedía el acto, y las coincidencias que a menudo se producían entre algunos fenómenos terrestres y celestes, y, por otra parte, las circunstancias humanas, hicieron creer a nuestros antepasados que algunos de sus rituales podían ser la causa de estos fenómenos y coincidencias, que luego tomaron un carácter mágico.
Este procedimiento es totalmente parecido al del hombre de laboratorio actual que, mezclando algunos ingredientes o productos químicos, intenta obtener artificialmente una fórmula. Así, los hombres han acabado por descubrir que eran tan capaces de actuar sobre los fenómenos naturales, de influenciarlos o intervenir en ellos, que podían, a su vez, sacar provecho de ellos. Por ello, no es un error creer que la experiencia del fuego y la de la plantación de semillas, por ejemplo, fueron originalmente rituales mágicos, suponiendo de esta forma los primeros pasos del hombre hacia la creencia moderna, que, después de todo, también tiene todavía sus rituales y sus dogmas.
De modo que, en tiempos pasados, el mago iniciado en el arte y la ciencia mágica podía sorprender e impresionar a través de los prodigios que era capaz de realizar, al igual que actualmente, los científicos parecen hacer milagros empleando procedimientos resultantes de largas investigaciones, y serios y escrupulosos estudios, que les permiten conseguir seguramente los mismos resultados. Pero tanto en un caso como en el otro, estamos ante un principio idéntico, que consiste en creer que las mismas causas deben producir los mismos efectos.

LAS CONDICIONES ESPECIALES DE LAS CEREMONIAS MÁGICAS

Es muy difícil describir las fuerzas que utiliza la magia. Podemos llamarlas energías cósmicas, ondas, vibraciones naturales, que o bien son provocadas, o bien utilizadas mediante unas reglas y unas leyes precisas, universales e inviolables, a las que el mago se somete y que aplica al pie de la letra, según una experimentación y una tradición seculares. La mayoría de las veces, lo que se define como como energías cósmicas tenían nombres distintos equiparables a los de las divinidades, cada una de las cuales abarcaba un papel y un poder específicos.
Por ello, el acto mágico era sagrado. Implicaba efectuar todo un ceremonial, cumplir proezas, a veces danzas y movimientos particulares y adecuados, pronunciar encantamientos e invocaciones, cuyos nombres, palabras y frases tenían un valor más vibratorio que significativo, todo ello en un marco bien definido y a veces incluso ayudado por las circunstancias y en condiciones meteorológicas y astronómicas escogidas con sumo cuidado. En otros términos, para que el acto mágico pudiera producirse de forma eficaz, debían coincidir imperativa y escrupulosamente cierto número de factores. Si se olvidaba una etapa o si faltaba un elemento, si una palabra o nombre se pronunciaban mal, o el momento era mal escogido, entonces el acto mágico no salía bien.
No está mal recordar que todos los rituales religiosos antiguos y contemporáneos se basan en los mismos criterios, lo que prueba que todas las creencias religiosas se inspiraron en las ceremonias mágicas.


La Magia: Historia y orígenes

 

Actualmente, la magia se reduce a los juegos de manos del prestidigitador. Cuando hablamos de un juego de manos, o de un truco, solemos decir que "hacemos un juego de magia". Al comparar esta interpretación actual de la magia con la que se hacían de ella nuestros antepasados, tan distinta, nos enfrentamos a un problema muy complejo: ¿dónde empieza y dónde acaba la realidad? ¿Cuál es la verdad: lo que vemos o lo que es?.
Sin embargo, paradójicamente, en un mundo donde deberíamos estar planteándonos estas preguntas con más fuerza y agudeza que nunca, resulta que ya casi no nos las plateamos. Al habernos liberado de muchos dogmas, la mayoría de los cuales se basaban en puras imaginaciones de la mente o teorías confusas, o bien tan fuera de su contexto y utilidad primera, que no tenían ningún sentido ni razón de ser, hemos establecido otros dogmas, todavía más rígidos, si nos paramos a pensarlo bien, en tanto en cuanto se basan en criterios ineludibles. Hablamos de aquellos que han sido establecidos por los instrumentos y medidas de los científicos, que les permiten observar los fenómenos concretos de la naturaleza, verificar sus manifestaciones, explotarlas, y a veces incluso reproducirlas artificialmente, con fines prácticos.
De tal modo, actualmente nadie pone en duda el hecho de que nuestra visión del mundo dependa de instrumentos de medida, todos ellos creados por el hombre, sin duda alguna con espíritu innovador, pero que nos llevan hacia sus propias visiones e interpretación del mundo. Podríamos objetar que cada vez que una idea, concepto o creación implica la admiración casi universal, seguramente corresponde a una realidad profunda y común a todos, que va más allá de lo que representa. Es cierto. Pero ello no significa que no sea fruto de una ilusión colectiva, que no derive de un mismo fantasma o de una misma voluntad inconsciente y común de ver lo mismo, desde el mismo punto de vista y en el mismo momento.

MAGIA, MAGOS Y HECHICEROS

De manera que, en adelante, todo lo que no se pueda medir, comprobar o reproducir será relegado al polvoriento universo de lo sobrenatural e irracional. Ahora bien, este rechazo puro y simple, y podríamos decir maniático, seguramente ha olvidado el hecho de que sin la magia, tal como nuestros antepasados la practicaron, la ciencia de hoy, es decir, la ciencia moderna, en todos sus ámbitos de investigaciones, búsquedas, estudios y experimentos, no sería lo que es.
Puesto que es de la magia, ciencia de nuestros antepasados, de donde ha salido su inspiración y su visión del mundo y de la realidad. En toda la Antigüedad hubo magos. Y, como en todas las épocas, al igual que sucede actualmente con nuestros médicos y eruditos, algunos de ellos fueron seres excepcionales, maravillosos, provistos de dones y cualidades humanas extraordinarias, y otros fueron menos competentes, puros charlatanes o usureros movidos únicamente por sus ambiciones personales. El hombre es así; por tanto, no es la función que lleva a cabo la que se pone en duda.
Así, pues, en la Antigüedad, el hechicero tenía casi siempre el papel de curandero y adivino. Su saber se basaba en una atenta observación de la naturaleza y sus fenómenos en una voluntad de dominarla o dominarlos. Pero, evidentemente, el hecho de ser capaz de curar los males de los demás utilizando pociones o fórmulas mágicas, y de prever el futuro con idénticos procedimientos, le concedía un poder especial, porque se le temía, poder del cual algunos hechiceros se aprovecharon.
Hoy en día, respecto a este tema nada ha cambiado. Existen los mismos abusos de poder por parte de los que saben hacia los ignorantes. Escasean aquellos hombres que, tras haber adquirido ciertos conocimientos y ciencia, no sólo ponen sus experimentos al servicio del prójimo, sino que transmiten sus conocimientos de forma natural, haciéndolos accesibles y comprensibles. Debe decirse también que la curiosidad, de la cual se dice erróneamente que es un feo defecto, se pierde. La mayoría de las veces nos contentamos con creer lo que se nos dice. Y, lo que aún es más, hay tantas informaciones que se revelan, se transmiten y se difunden a diario por todo el planeta, que ya no nos tomamos el tiempo de comprobar su certeza, e inhiben y ahogan nuestra curiosidad, así como nuestra imaginación.
Se puede afirmar, pues, que actualmente para nosotros, habitantes de la Tierra, la magia ya no entra dentro de los fenómenos de la naturaleza, ni dentro de nuestra capacidad para comprenderlos y aprovecharlos, sino en esas redes de comunicación, como son la radio, la televisión, la telefonía y, ahora, Internet que, aunque permiten relacionarnos estando geográficamente muy lejos unos de otros, nos hacen perder cualquier contacto directo y físico con la naturaleza y la realidad y, al hacerlo, nos aíslan.
¿Debemos por ello estar anclados en el pasado y lamentar aquellos tiempos tan lejanos en que permanecíamos en contacto directo con la naturaleza y en que practicábamos la magia? No. Nunca hay que volver atrás. En cambio, haríamos bien en inspirarnos en las experiencias y los conocimientos de nuestros antepasados, antes que rechazarlos en bloque bajo el pretexto de que nuestra visión del mundo a cambiado.

LA EXPERIENCIA MÁGICA

El hechicero no sabía qué fuerzas se revelaban o manifestaban cuando practicaba algunos ritos y pronunciaba algunas fórmulas mágicas, pero hacía uso de ellas con respeto, humildad y precaución. El temible hechicero de las producciones hollywoodienses, que ejercía un poder maléfico, era en la realidad prácticamente inexistente y absolutamente rarísimo.
En efecto, en todas las civilizaciones de la Antigüedad, y aun remontándonos todavía más lejos en el tiempo, observaremos que el hechicero se hallaba sometido a rituales de iniciación muy fuertes, algunos de los cuales podían ser mortales. Por eso, salir victorioso era ya una experiencia mágica.


La Cábala. Ciencia iniciática y Experiencia espiritual

 

Antes de descubrir el camino recorrido por la cábala, desde Babilonia hasta nuestros días, debemos comprender la experiencia que nos invita a vivir.

Babilonia, tan criticada, desprestigiada y caída en el olvido durante tantos siglos, y actualmente vuelta a descubrir por los astrólogos, filólogos e historiadores contemporáneos, fue la cuna de nuestra cultura y su lengua se mezcla con raíces de la lengua akkadia, aramea y hebrea, que en aquel momento pasaban del estadio oral al escrito.

LA CÁBALA, UNA CIENCIA INICIÁTICA

Pero, mientras en el siglo VI antes de nuestra era se dio la aparición de 5 profetas o visionarios que revolucionaron el pensamiento religioso, filosófico, así como las costumbres y la vida social de los hombres y las mujeres de todos los rincones del mundo, en Babilonia, los caldeos, que eran sacerdotes, magos, matemáticos, astrónomos y astrólogos, entre otras cosas, crearon una auténtica ciencia iniciática. Precisemos que los caldeos no eran todos judíos, ni mucho menos, puesto que toda la región que cubría la antigua civilización mesopotámica fue una constante mezcla de pueblos y culturas, empezando por la mezcla nacida de la llegada de los apkallu sumerios, que se supone que surgieron del mar, y su encuentro con los semitas, autóctonos del antiguo Oriente Medio. Esta ciencia iniciática ejercería, y todavía lo hace, una influencia preponderante sobre la mentalidad, las costumbres y las creencias de cualquier civilización llamada judeocristiana. Extrapolando y aventurando un imaginario salto hacia delante en el tiempo y en la historia, que nos trae a nuestra época, veremos que todavía no hemos asimilado, integrado y comprendido las lecciones vitales que transmite y contiene esa ciencia iniciática. Y, en cierta forma, se puede decir que quienes la crearon, en una época en que los hombres empezaban su penoso recorrido que les conduciría a sacar provecho del mundo en que vivimos actualmente de forma metódica, racional y científica, pero con una cruel falta de perspectiva a largo plazo y una ausencia de visión sintética, habían previsto o presentido que se necesitaría mucho tiempo para que su ciencia iniciática se volviera accesible.

EL FUTURO Y EL DEVENIR SEGÚN LA CÁBALA

Sin embargo, al contrario de lo que algunos, que se las ingenian para mantener el misterio en su propio provecho, quieren hacernos creer, no sólo el código de la cábala no es ajeno a nuestra cultura, sino que tampoco es incomprensible. Simplemente induce a una gimnasia del espíritu que, por desgracia, actualmente ya no practicamos, y también recurre a la lógica y a la paradoja, a principios aparentemente inmutables que, sin embargo, se regeneran, se transforman y cambian permanentemente, y que se basan en cualidades y aspiraciones humanas: la curiosidad, la generosidad, el conocimiento, la comunión, la realización de uno mismo y la Unificación. Por eso, hay que poner en guardia contra todos aquellos que quisieran hacer creer que gracias al código de la cábala, que en efecto favorece una lectura diferente de la Biblia -pero no solamente de la Biblia-, en el cual se mezclan hechos históricos, mitos, leyendas, creencias y datos esenciales para la realización del ser humano, se puede traducir del Libro de los Libros y obtener así textos que predicen el futuro ineluctable de la humanidad. En efecto, para el ser humano, dicho fatalismo excluye cualquier posibilidad de poder ejercer su libre albedrío. Si nuestro futuro ya fue percibido, establecido o escrito por nuestros antepasados, ¿para qué actuar, crear o vivir, ya que todo lo que debe ocurrir, se produce de forma fatal? La predestinación, vista desde este ángulo, no existe.
Éste es el matiz que se establece hoy entre el futuro y el devenir. El futuro está en relación con el destino, es decir, el contexto en el cual el ser humano nace, crece, vive y con las circunstancias con que se encontrará. Este contexto, evidentemente, preexiste antes que él, y existirá también después de él, de una forma u otra. Pero es libre de actuar según su voluntad, deseos, motivaciones y, en un grado más elevado, según su conciencia y espíritu. Puede convertirse en dueño de su destino y, por consiguiente, de su futuro. Éste es el sentido del futuro.

LA CÁBALA, UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL INDIVIDUAL

Por eso, la práctica de la cábala, tal como fue creada, es ante todo una experiencia espiritual. Afecta al individuo más que a la comunidad. Y si a partir de este principio, y por ayudar a aquellos que desean acceder a ella, se han elaborado, y más tarde instituido, unas reglas de conducta moral y social, y luego jurídicas, cuyas fuentes de inspiración las encontramos en el Talmud (término hebreo que significa estudio o enseñanza y que es una vasta compilación de códigos, enseñanzas e interpretaciones de la Torah o código escrito del judaísmo, que se adaptan a cualquier circunstancia de la vida), fue únicamente con el fin de preservar y aprovechar las enseñanzas de experiencias humanas individuales, anteriores y ejemplares, que pueden ser útiles a las comunidades actuales y futuras, y favorecer la realización del ser humano.
Por eso, todas las doctrinas religiosas o ideológicas fanáticas que a veces apartan estas reglas y leyes de su objetivo inicial, para servir a la causa del poder o de la servidumbre física y moral de los individuos, pueden considerarse fuera de la "Ley". En efecto, los principios enunciados por los textos interpretados según el código de la cábala animan a la benevolencia, a la generosidad, al espíritu de tolerancia, al diálogo sistemático, a la constante puesta en duda de las propias convicciones a la luz de hechos y circunstancias de la propia vida, pero también de sus actos, y a lo que los cabalistas llaman la Unificación. Por eso, el Sello de Salomón o la cruz de David son símbolos unificadores. El zodiaco también es uno de ellos y también los hexagramas del I Ching.
Ahora bien, el símbolo unificador tiende a conciliar todo lo que, a priori, parece irreconciliable, a juntar los contrarios y a unir los opuestos. La experiencia vital que la cábala nos invita a tener consiste en realizar esta unificación en uno mismo, es decir, en el ser humano, el medio de descubrir y aprovechar una energía psíquica poderosa y creadora, favoreciendo su crecimiento espiritual y la elevación de su espíritu.


La Cábala: De Moisés a Babilonia

 

La historia y los orígenes de la cábala, así como sus fundamentos y su discurso han estado, y siguen estando, rodeados de misterios.

No se puede separar la cábala de la historia, la vida, la cultura y las creencias del pueblo hebreo. Sin embargo, si hoy en día conocemos el recorrido histórico del pueblo de Israel y los orígenes históricos tanto de la Biblia como de la cábala, en cambio las circunstancias en las que esta última nació no son muy conocidas.

¿QUÉ ES LA CÁBALA?

Qabbalah, en hebreo, significa esquemáticamente "Tradición" o "Revelación". La mayoría de las veces, se dice que procede de los tiempos de Moisés, el padre del monoteísmo, es decir, del siglo XIII antes de nuestra era. Qabbalah sería, pues, Qibel, La ley oral, que Moisés recibió de la mano de Dios en el Monte Sinaí, al mismo tiempo que la Torah o Ley escrita.
Esta referencia es muy interesante si entendemos que estamos en presencia, por una parte, de una Ley oral,y, por otra, de una Ley escrita. En efecto, en aquellos tiempos remotos, en que la escritura todavía no formaba parte integrante de la cultura y de la vida cotidiana de los hombres, difícilmente se podía plantear su utilización para nombrar lo innombrable: ¡lo Divino!
No debemos olvidar que las primeras escrituras cuneiformes mesopotámicas, y más tarde el primer alfabeto, creado por el gran pueblo de marineros y comerciantes de los fenicios, se emplearon para organizar la vida social, administrativa y, actualmente diríamos, civil y política, para presumir de los méritos de los reyes y contar las hazañas guerreras ejércitos. Por lo tanto, que las reglas de la vida social de carácter religioso y las que figuran en la Torah fueran escritas era muy comprensible en aquella época. Pero también se entiende que lo que revela algo sagrado y Divino, y con mayor motivo, una entidad superior a todas las existentes y a la que Moisés invoca, no pueda fijarse de una vez por todas en un esquema que sería susceptible de convertirle en palpable y accesible, y reducido a un simple nombre.
De entrada, diferenciamos dos corrientes distintas y complementarias: la primera se refiere únicamente a la Ley escrita, corriente que podríamos calificar de religiosa, susceptible de suscitar todo tipo de reflexiones, de debates y profundos estudios de orden moral, filosófico o incluso jurídico; la segunda se inspira en una Ley transmitida exclusivamente de forma oral y se basa al mismo tiempo en una iniciación y una experiencia directa, haciendo así alusión a una perspectiva mucho más mística.
Por supuesto, la cábala corresponde a esta segunda vía. Razón por la cual siempre estuvo rodeada de misterios y, por eso, fue blanco de las interpretaciones más fantasiosas. Algunos dicen, incluso, que pasar por la experiencia de la cábala puede volver loco o poner en peligro al adepto no preparado, mal instruido o que no ha sido iniciado. Realmente, resulta muy difícil traducir los grandes principios transmitidos por la cábala, puesto que utiliza factores y elementos que son accesibles más fácilmente a través del pensamiento puro que mediante conceptos.

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS CONOCIDOS DE LA CÁBALA

Al hablar de Moisés, no hacemos más que considerar una probabilidad en relación con los orígenes históricos de la cábala. De hecho, encontramos sus primeras huellas auténticas identificables a partir del año 538 antes de Cristo, en el momento en que Ciro, rey de los persas, avaló a los exiliados de la tribu de Judea para que el pueblo hebreo pudiera volver a Jerusalén. Tal vez recordaremos que entonces, en la actual Tel Aviv, Babilonia, el profeta Ezequiel anunciaba la resurrección de Jerusalén, consultando los oráculos con amuletos de huesos desecados (Ezequiel, 37, 1-14). Lo que nos confirma de paso que algunos de los profetas de la Biblia, como por ejemplo Ezequiel, empleaban con frecuencia la videncia deductiva. Este período, durante el cual el pueblo de Israel recobraba su identidad, coincide con aquel en que, en las regiones de Oriente Medio, cuna de nuestra civilización moderna, se mezclaban los magos babilonios, caldeos, arameos y persas; período también que vio cómo se sustituía la lengua acadia por la lengua aramea, mucho después de que la primera hubiera sustituido la sumeria, lengua original de Mesopotamia. Es muy importante subrayar todos los detalles de este contexto cultural tan cargado, donde las creencias, las adivinaciones y los adivinos múltiples y variados casi siempre se cruzan, a veces incluso confunden, y donde para algunos fue primordial preservar una tradición, a riesgo justamente de perderse en dicho contexto.
Ya se sabe a través de la Biblia y la historia lo que ocurrió con esta mezcla, de este concierto de conocimientos y saberes de aquella época y cuyo símbolo fue la Torre de Babel, es decir, el zigurat de Babilonia. Sin embargo, no se duda que Babilonia fuera entonces un lugar importante de conocimientos y de saber de la humanidad, que tal vez habría podido ser un trampolín de una evolución más rápida para la humanidad, si no se hubieran cometido ya algunos abusos en esos tiempos remotos, puesto que el mismo Pitágoras (filósofo y matemático griego, nacido hacia 570 y muerto hacia 480 antes de Cristo) llegó a consultar a los magos de la gran ciudad e iniciarse en sus escuelas.
También fue durante el dominio aqueménida de los reyes persas cuando se constituyó por primera vez el zodiaco de los 12 signos y aparecieron las primeras huellas de la astrología llamada geneática, es decir, que tiene en cuenta la fecha del nacimiento de un individuo, mientras los redactores judíos de la Biblia escribían Las Crónicas, Los Proverbios, El Libro de Job, los libros proféticos de Zacarías, Ageo y Malaquías, y sobre todo, el espléndido Cantar de los Cantares, texto poético y místico, del cual los cabalistas reivindican su única interpretación posible.


Los sueños premonitorios

 

Podemos obtener buen provecho de los mensajes preventivos que contienen nuestros sueños premonitorios. 

Si se aborda la función la función del sueño desde un punto de vista terapéutico, se puede considerar que todo sueño alivia, libera o reconforta.
Así pues, para el alma humana soñar sería una necesidad vital. En este sentido, es importante constatar que, cualquiera que sea el ángulo bajo el que se analice, estudie o interprete un sueño, todos los que se interesen por la función onírica común a todos los seres humanos coinciden en creer que el sueño siempre actúa a modo preventivo. Se trata de una virtud innata, en la que deberíamos inspirarnos en nuestra vida consciente y activa.
Por eso, así como cualquier sueño previene al soñador de un hecho, de un estado o de una situación que le afecta personalmente, antes de que sufra las consecuencias, se puede llegar a la conclusión que un sueño, del tipo que sea, es premonitorio por sistema.
Lo que nos lleva a creer que todos poseemos un don de premonición, que aprovechamos de forma espontánea y natural cuando soñamos, aunque por supuesto sin saberlo. Puesto que casi nunca dominamos nuestros sueños. Dicho de otra manera, muchas veces no podemos decidir antes de dormirnos, únicamente con nuestra voluntad, el contenido del sueño que tendremos.

¿PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS?

No puedes controlar los sueños con la perfección que controlas, por ejemplo, con más o menos acierto y reticencias, tus instintos, pulsiones o impulsos. Sin embargo, si en estado consciente tu espíritu se ve impresionado por un sueño que acabas de tener mientras dormías y te parece cargado de sentido, tómate el tiempo necesario para escribir tu sueño tal y como lo recuerdas en aquel momento. En efecto, la memoria del sueño y la de la vida consciente no funcionan del todo con el mismo registro ni con los mismos criterios. La primera es mucho más volátil, fugaz e inasequible que la segunda.
Utiliza la imaginación, la emoción y las impresiones, por lo cual, a veces, es difícil de traducir o comunicar en la realidad.
Sin embargo, si admitimos que todo sueño es premonitorio, en el sentido de que previene de algo importante, es útil realizar este pequeño esfuerzo, tomar un poco de tu tiempo y aplicarte en la tarea de contarte "a ti mismo" por escrito tu sueño. De manera que integrarás  en la realidad esta parte relativamente inasequible de ti mismo, producida en tu sueño. Y, tarde o temprano, sabrás distinguir el mensaje que contiene. Con este fin, fíate siempre de tu primera impresión, en vez de llegar a los análisis demasiado teóricos o realistas que tendrás la tentación de realizar.
Evita asimismo referirte a demasiadas consideraciones o indicaciones exteriores, puesto que tu sueño contiene todas las informaciones necesarias para comprender su significado. En efecto, un sueño de idéntico contenido en dos personas distintas no tendrá necesariamente el mismo significado ambos individuos en cuestión. Todo sueño es profundamente intrínseco y personal, y aunque recurrieras a una tercera persona o a tratados de interpretación de sueños (a no ser que sean rigurosamente científicos, y de éstos hay muy pocos), el único sentido importante es el que tú le des. Este sentido tal vez de entrada no lo encuentres. Pero desde el momento en que hayas escrito tu sueño, podrás releerlo, ir pensando en él y, en un momento u otro, obtendrás su significado profundo.

¿CÓMO PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS Y SACAR PARTIDO DE NUESTROS SUEÑOS PREMONITORIOS?

Todos nuestros sueños contienen mensajes de prevención, pero no todos tienen la misma importancia.
Debemos fijarnos, pues, en aquellos que realmente nos impresionan.
Y debemos intentar que no se nos escapen. Retenerlos, captarlos y llevarlos a nuestra memoria consciente. Hecho esto, el día en que seas capaz de comprender el mensaje contenido en tu sueño, también serás capaz de influir sobre tu próximo o próximos sueños. ¿Cómo? Existen dos posibilidades:
. Has comprendido y asimilado perfectamente el sentido de aquel sueño que tanto te impresionó, sacas las conclusiones necesarias y actúas a modo preventivo en tu vida consciente.
No se hace alusión obligatoriamente a hechos o acontecimientos concretos de tu vida, sino que se trata, sobre todo, de movimientos interiores, sentimientos contradictorios, ideas que todos tenemos y actos consecutivos, a veces equivocados que entonces cometemos;
2ª. Has comprendido el sentido de tu sueño, aun a pesar tuyo, sin realmente saberlo o ser consciente de ello, o de forma más intuitiva que práctica. No puedes, pues, obtener todas las conclusiones necesarias ni actuar a título preventivo.
En el primer caso, con total conocimiento de causa, la noche antes de dormir, justo en aquel momento en que estás perfectamente relajado y te dispones a entrar en el sueño, intenta no dormir durante un corto instante, vuelve a pensar en tu sueño, aquel que fue revelador para ti, e imagina que te preguntas al respecto para saber si lo has interpretado bien, si lo has visto bien, si en lo sucesivo actúas acorde con el sentido del mensaje preventivo que te transmitió. Sin duda, entonces, volverás a tener otro sueño, que será la prolongación del primero, tal vez no esta noche, pero sí la noche siguiente, o la otra, puesto que a veces hay que llamar varias veces a la puerta antes de que se abra para iluminarnos. En la segunda opción, procede de igual modo que en la primera. Sin embargo, como no habrás comprendido el sentido real de tu sueño, tendrás otro sueño, que será como una repetición del primero, pero seguramente abordado desde otro punto de vista y te permitirá tal vez deducir el mensaje que contiene para ti.