Oniromancia y psicoanálisis

 

Tanto si se consideran mensajes enviados por los dioses como sis son comunicaciones del inconsciente, los sueños tienen un sentido.

¿Podemos realmente hacer un paralelismo entre esta ciencia del pasado tan discutida que es la oniromancia, pero que todavía ejerce una gran fascinación sobre nuestras conciencias, y la reciente ciencia del psicoanálisis, también muy controvertida, aunque parezca muy integrada en nuestras costumbres?

Sin duda alguna, los psicoanalistas puros y duros tienden a rechazar en bloque los 5.000 años de estudios e interpretaciones escritas de los sueños que han precedido a los primeros trabajos del psicoanálisis. Pero en este ámbito, como en tantos otros, ¿no es reprochable, incluso absurdo y muy presuntuoso, que con el pretexto de haber alcanzado un nivel de inteligencia y de lucidez mental muy elevado -al menos comparado con el que supuestamente tenían nuestros antepasados- creamos que nuestra interpretación actual de la realidad es la única aceptable, razonable y sensata? De manera que, ¿el análisis de los sueños, tal como lo enfocan los analistas, debe inducirles a rechazar, simple y llanamente, todas las interpretaciones de sueños de los onirománticos de antaño? Este estudio de las interpretaciones de los sueños, llamado oniromancia, y que se inspira tanto en el conocimiento del lenguaje de los mitos y símbolos como en la adivinación inspirada o deductiva, ¿nos ha librado todos sus secretos? ¿Le hemos sacado todo el jugo? ¿Realmente sabemos lo que nuestros antepasados "veían" en sus sueños y lo que deducían en términos vitales? El psicoanálisis, esta nueva forma de estudio de los sueños que recurre a los mitos y a los símbolos, ¿puede acabar barriendo definitivamente, a largo plazo, a la oniromancia? Tal vez, podemos imaginar que ambas son complementarias, que cada una se sitúa en un distinto nivel de conciencia y que, juntas, contribuyen a darnos una visión global y profunda de la realidad perceptible por nuestros sentidos, pero también imperceptibles por los mismos, realidad ilusoria de los sueños, aunque a veces nos parece más real que la realidad, simplemente porque la vivimos o la aprehendemos con más intensidad.

A fuerza de oponer nuestra concepción de la vida y del universo a la de nuestros antepasados, ¿no nos estamos oponiendo a nosotros mismos, yendo contra corriente respecto a la vida o retrocediendo?

LA ONIROMANCIA O LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS

En las sociedades primitivas y las civilizaciones antiguas, parece que el sueño se consideró una especie de capacidad, al mismo tiempo natural y sobrenatural, que ofrecía a los hombres la posibilidad de comunicarse con el más allá, con los demonios o con los dioses en función de la naturaleza de sus sueños. En otros términos, las visiones, apariciones e iluminaciones pertenecen al campo de los sueños que, según los antiguos, era el instrumento que les permitía comunicarse con lo divino. Sin embargo, estas comunicaciones o mensajes transmitidos por los dioses a los hombres en sus sueños, siempre son una especie de previsiones.

Por eso, el sueño posee, evidentemente, un carácter mágico pero, sobre todo, sagrado. El hecho de encontrarlo y revelar su interpretación es de capital importancia y debe tratarse con precaución. Ésta es la misión del oniromante, el intérprete de los sueños, que puede ser un chamán, un sacerdote, un hechicero o un adivino, según las épocas y las culturas, pero que siempre se trata de un ser que se somete a unas reglas y leyes estrictas, rigurosos rituales y que se remite a formularios de interpretación de los sueños. Al haber sido iniciado en la interpretación de los sueños, gracias a unos dones o talentos innatos que poseía para ejercer este tipo de función, desempeñaba el papel de iluminador de conciencias, de clarividente. De manera que en las sociedades primitivas, así como en las civilizaciones antiguas más evolucionadas, no sería falso decir que la oniromancia era un arte que se ejercía de forma científica.

EL PSICOANÁLISIS O EL ANÁLISIS DE LOS SUEÑOS

Así como la oniromancia es un arte adivinatoria entre tantas otras, que permite descifrar los mensajes transmitidos en los sueños gracias al lenguaje de los mitos, los símbolos y los presagios, el análisis de los sueños no es el único instrumento del psicoanalista para la investigación del alma humana. Sin embargo, éste es el que nos interesa en este momento, tal como lo practican y lo aprovechan los psicoanalistas.

Según Sigmund Freud, los sueños son los efectos compensatorios y los fantasmas producidos por la libido, considerada un conjunto de energías instintivas y de fuerzas pulsionales incontroladas, que todos ocultamos y que forman la esencia misma de nuestra personalidad.

Por lo tanto, invitando al soñador a proceder por asociaciones a partir de un sueño que haya tenido, y que parezca haberle impresionado lo suficiente para que haga alusión al mismo en el curso de un análisis, es decir, durante una sesión de psicoanálisis -puesto que el psicoanalista ya no es un sacerdote o un adivino, sino un médico, función que asumían casi siempre los sacerdotes y adivinos en la Antigüedad-, el terapeuta incita al soñador a que él mismo encuentre el sentido oculto, profundo e íntimo de su sueño.

Sin embargo, es en el contexto de una terapia donde el psicoanalista trabaja los mensajes contenidos en los sueños, a los que considera síntomas de una enfermedad mental latente, que perturba el comportamiento del soñador o le encadena a malos instintos de comportamiento, que seguramente perjudican su bienestar.

¿En qué se diferencian el papel del oniromante y el del psicoanalista? ¿No pretenden ambos, por poco que tengan una vocación sincera, la preocupación por el bienestar del prójimo, del despertar de su conciencia y del conocimiento que puede tener de sí mismo?.


La oniromancia en China

 

El Cielo, los dioses, los antepasados y los fantasmas poblaban los sueños de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media.

 

En esta antigua y lejana civilización que tanto hizo soñar, e incluso imaginar, como ocurrió en al antiguo Egipto, aunque también y principalmente en la Europa de los reinos de la Edad Media, la interpretación de los sueños ocupó un lugar preponderante. Por más lejos que nos remontemos en el tiempo, observamos que la literatura clásica china, de gran riqueza, está llena de relatos y testimonios, así como de métodos, teorías y consejos prácticos relativos a la interpretación de los sueños.

De ahí que podamos realizar una afirmación que no sorprenderá a nadie: desde la más alta Antigüedad, en todas las latitudes, no solamente los hombres tenían muchos sueños, sino que además muy pronto vieron en sus sueños mensajes enviados por sus dioses -éste era el caso de Mesopotamia y de Egipto-, o enviados por el Cielo, por sus antepasados y algunas veces por los fantasmas, seres sobrenaturales y espíritus errantes, tenían un papel importante en la vida de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media. La interpretación de los sueños supuso, pues, un serio e importante tema de preocupación para los hombres desde la noche de los tiempos.

LOS SUEÑOS ENVIADOS POR EL CIELO, LOS DIOSES, LOS ANTEPASADOS O LOS FANTASMAS

En China, los oniromantes o intérpretes de sueños de la Antigüedad se dividían en 4 categorías. De manera que, en función de la categoría que se les atribuía, el sentido y la interpretación de los sueños eran distintos. 

Los sueños enviados por el Cielo. Éstos, claro está, tenían un carácter sagrado y representaban mensajes esenciales y providenciales, y solamente podían recibirlos unos seres privilegiados o excepcionales, una especie de elegidos o escogidos del Cielo. Estos sueños, además, podían producirse en estado de vigilia y manifestarse en forma de apariciones o visiones. Sin embargo, únicamente el adivino estaba capacitado para interpretarlos, para ver en ellos mensajes enviados por el Cielo, para decir si eran propicios o nefastos y qué conclusión o previsión se podía sacar o deducir de ellos. Por supuesto, tales sueños eran muy excepcionales y, casi siempre, el mensaje o mensajes que contenían afectaban a la comunidad o al país.

Los sueños enviados por los dioses. Se podría pensar que tienen el mismo origen, significado y alcance que los precedentes. En realidad, para los chinos, los dioses eran enviados del Cielo, una especie de mensajeros y soldados celestiales, que tanto podían proteger a los humanos como desafiarlos o probarlos, según el caso, y también según sus méritos. Eran espíritus del bien y del mal, fuerzas de la naturaleza que no dejan de recordarnos a la bíblica cohorte de los ángeles. Estos dioses no siempre tomaban forma humana. Podían aparecer en sueños bajo el aspecto de demonios aterradores, dragones u otros animales fantasmagóricos y míticos, tan abundantes en la cultura china.

Por ello, este tipo de sueño solía manifestarse a un gran soldado antes de la batalla, por ejemplo, o a un hombre antes de cumplir una misión importante, una labor especial o una obra excepcional. El adivino encargado de interpretar este tipo de sueños debía, pues, prevenir al soñador de los peligros que corría o de las protecciones providenciales de que eventualmente podía disfrutar

Los sueños enviados por los antepasados. Tenían un sentido muy especial. En efecto, en China los antepasados o ancestros desempeñaban un papel prácticamente divino. Debemos entender que la mentalidad china difiere mucho de la nuestra en que, según aquella, el mundo sobrenatural e irracional no están totalmente separados, como tendemos a pensar en Occidente. Para los chinos, ambos mundos se penetran mutuamente. Están en relación permanente. Podemos salir de uno y entrar en el otro en cualquier momento, tanto si se trata de un ser vivo como de un ser muerto. Por ello, no es raro encontrar en la literatura china relatos en los que el héroe pasa del mundo de los vivos al de los muertos tan fácilmente como se pasa el umbral de una casa o la frontera de un país. Por tanto, los chinos tenían un profundo respeto por sus antepasados, a quienes creían siempre omnipresentes. Y no se sorprendían de cruzarse con ellos en medio de la calle o incluso de recibirles en su casa, como demuestran algunos relatos antiguos. Para un chino, no era del todo sorprendente encontrarse a uno de sus antepasados en un sueño y oír cómo le revelaba un mensaje. Más bien lo que le sorprendía, e incluso le inquietaba, era que ninguno de sus ancestros se le dirigiera o viniera a visitarle en sueños. En efecto, podía llegar a la conclusión de que sus ancestros le habían abandonado o rechazado, que había cometido una falta irremediable. En cambio, los que soñaban a menudo con sus antepasados se sentían protegidos y seguían al pie de la letra los consejos que les prodigaban durante su vida nocturna.

Algunos textos antiguos hacen alusión al hecho de que, en el momento en que los chinos de cierta edad dejaban de soñar con sus antepasados, deducían que pronto se reunirían con ellos. Una vez más, la interpretación del adivino era muy útil, y podía confirmar o invalidar el sentido de un sueño refiriéndose a factores astrológicos o a diversas artes adivinatorias.

Los sueños enviados por los fantasmas. Casi siempre eran aterradores, incluso aunque no tuvieran necesariamente nada que ver ni afectaran directamente al soñador. En este caso, podía comprobarse peligrosamente, puesto que estos fantasmas, que surgían de los sueños, eran espectros que habían sido víctimas, en vida, de una injusticia o un crimen, y reclamaban venganza atormentando al soñador, o bien resultaban ser almas errantes y mal intencionadas mandadas por brujos o brujas -ya que en China también había-, y llegados para perjudicar al soñador. El adivino, además de interpretar el sueño, desempeñaba la función de exorcista para acabar con los fantasmas.


La oniromancia en Egipto

 

Tal vez es en el antiguo Egipto donde encontramos los precedentes del estudio de los sueños, empleado para fines terapéuticos.

Para los egipcios, soñar era un despertar y el sueño el camino que conduce al despertar de la conciencia. En efecto, el bilítero que designa el sueño en los jeroglíficos deriva directamente del verbo que significa "velar" y "despertarse". Dicho de otra forma, según los egipcios de la Antigüedad, el soñador es el que vela y se despierta, un vigía, un buscador, un aventurero del alma y de la conciencia. Para ellos, no hay ninguna duda del carácter mágico y premonitorio del sueño, puesto que en su sueño, el durmiente entra en una realidad distinta, dentro de la cual se le puede revelar el futuro.

Esta visión que se le ofrece de su futuro es considerada un don de los dioses. En efecto, viendo su futuro en sueños, y recordándolo con claridad una vez fuera de su sueño, el soñador es capaz de prevenir los acontecimientos malos, las dificultades y los obstáculos que le esperan, que no duda que sean ineluctables, y conjurar de este modo las consecuencias nefastas o desastrosas. La fuerza mágica del sueño, don cedido por los dioses a los hombres, permite, pues, prever las circunstancias futuras de la vida y anticipar los acontecimientos venideros. Se  trata de una actitud totalmente inteligente y terapéutica, puesto que consiste en prevenir el mal antes que en curarlo.

NEITH Y BES, LOS GUARDIANES DEL SUEÑO

Pero el sueño es un lugar peligroso. Es el reino de la sombra, de los muertos, de los malos espíritus, de los espectros con malas intenciones. Según los egipcios, pues, para acceder al reino del sueño premonitorio, don de los dioses otorgado a los hombres, hay que tomar algunas precauciones. Por tanto, dos divinidades protectoras acompañan al soñador.

La primera es Neith, llamada "la que es" o "la Terrible", diosa guerrera cuyos atributos eran el arco y las flechas. Posteriormente, sería asociada a Atenea, en Grecia, y, al igual que ésta, se suponía que debía enseñar el arte de tejer a los hombres. Se trataba también, por tanto, de una divinidad del destino.

A veces se la esculpía en la madera de la cabecera de la cama del durmiente, representándola con su arco tensado, listo para lanzar una flecha sobre el demonio de la noche.

La segunda es Bes, que más que una divinidad era un espíritu común, con aspecto de enano barbudo haciendo muecas con el rostro. En su caso, figuraba entre los objetos de aseo, situados cerca de la cama del durmiente mientras dormía, pero a veces también se esculpía en los pies de la cama. Su atributo era un tamborcillo, que tocaba para ahuyentar los demonios de la noche.

Protegido por esta divinidad y este buen espíritu, el durmiente, aunque no se aseguraba un sueño tranquilo, al menos se consolaba antes de dormirse. Por si esto no bastaba, todavía podía recitar una oración a su despertar para eliminar los trastornos de su sueño, alejarle de los pensamientos nefastos, consecuencia de las pesadillas, o sacar provecho de los mensajes transmitidos por su sueño: "Ven a mí, ven a mí, Isis, madre mía. Sabes, he tenido visiones lejos de ti en tu ciudad.

-Heme aquí, Horus hijo mío: confiesa lo que has visto para que desaparezcan estas amenazas que pueblan tus sueños y que el fuego ataque a los que te asusten. Sabes, he venido para verte y eliminar tus males y extirpar todo lo que es pernicioso."

Como último recurso, el durmiente invoca a Isis la Hechicera, la gran protectora de Egipto y de los egipcios.

LA CASA DE VIDA

El sueño en Egipto era el viaje nocturno del alma al reino de los dioses. De esta estancia regular, el hombre podía aprender algo provechoso para su vida actual y futura. Se sabe cómo tenía que actuar para protegerse de las fuerzas del mal que pueblan sus pesadillas, ¿pero cómo podía interpretar sus sueños? Debía consultar a un intérprete de sueños o a un especialista en oniromancia, es decir, a un sacerdote-escriba que oficie en la Casa de Vida.

Se trataba de un lugar situado en las proximidades de las ciudades de Egipto, comparable a una especie de monasterio o instituto religioso, así como a un sanatorio o una casa de reposo, donde los sacerdotes copiaban y conservaban los manuscritos rituales y sagrados del antiguo Egipto, estudiaban y practicaban todo tipo de ciencias que estaban reservadas exclusivamente a los iniciados: astronomía y astrología, medicina, hemerología, adivinación y, por supuesto, teología. De manera que la Casa de la Vida de Dendera era célebre por las curaciones casi milagrosas que hacían los sacerdotes-escribas, médicos y hechiceros, así como por sus trabajos astrológicos de gran precisión. La Casa de Vida de Canope, la actual ciudad de Abukir, una localidad del actual Egipto situada al noreste de Alejandría, hacía las veces de centro de curación, donde los egipcios enfermos, depresivos o cansados iban a descansar, regenerarse o curarse, según el caso. Finalmente, la Casa de la Vida de Menfis tenía fama por sus curas de sueño y las revelaciones que los sacerdotes-escribas eran capaces de ofrecer a los soñadores, interpretando sus sueños.

Era, pues, un sacerdote-escriba, convertido en maestro de la interpretación de sueños, quien desvelaba al soñador el sentido de los mensajes contenidos en sus sueños, tanto utilizando su saber hacer, experiencia y su imaginación, como apoyándose en los formularios de sueños que, al igual que en Babilonia, existían en Egipto.

Sin embargo, parece que los egipcios llegaron aún más lejos en la ciencia adivinatoria de la oniromancia. Puesto que en la Casa de Vida de Menfis, por ejemplo, se utilizaba una técnica de sueños provocados: se ponía al soñador en unas condiciones determinadas, se le hacía ayunar, se le invitaba a cortar con el mundo exterior aislándole en una especie de celda de paredes blancas, en la que podía escribir o dibujar sus sueños, que luego el especialista interpretaba.

Es probable que este tipo de investigación y estudio de los sueños utilizado en Egipto fuese una forma de psicoanálisis anticipada, que se practicaba hace al menos más de 3.000 años.