La oniromancia en China

 

El Cielo, los dioses, los antepasados y los fantasmas poblaban los sueños de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media.

 

En esta antigua y lejana civilización que tanto hizo soñar, e incluso imaginar, como ocurrió en al antiguo Egipto, aunque también y principalmente en la Europa de los reinos de la Edad Media, la interpretación de los sueños ocupó un lugar preponderante. Por más lejos que nos remontemos en el tiempo, observamos que la literatura clásica china, de gran riqueza, está llena de relatos y testimonios, así como de métodos, teorías y consejos prácticos relativos a la interpretación de los sueños.

De ahí que podamos realizar una afirmación que no sorprenderá a nadie: desde la más alta Antigüedad, en todas las latitudes, no solamente los hombres tenían muchos sueños, sino que además muy pronto vieron en sus sueños mensajes enviados por sus dioses -éste era el caso de Mesopotamia y de Egipto-, o enviados por el Cielo, por sus antepasados y algunas veces por los fantasmas, seres sobrenaturales y espíritus errantes, tenían un papel importante en la vida de los chinos de la Antigüedad y de la Edad Media. La interpretación de los sueños supuso, pues, un serio e importante tema de preocupación para los hombres desde la noche de los tiempos.

LOS SUEÑOS ENVIADOS POR EL CIELO, LOS DIOSES, LOS ANTEPASADOS O LOS FANTASMAS

En China, los oniromantes o intérpretes de sueños de la Antigüedad se dividían en 4 categorías. De manera que, en función de la categoría que se les atribuía, el sentido y la interpretación de los sueños eran distintos. 

Los sueños enviados por el Cielo. Éstos, claro está, tenían un carácter sagrado y representaban mensajes esenciales y providenciales, y solamente podían recibirlos unos seres privilegiados o excepcionales, una especie de elegidos o escogidos del Cielo. Estos sueños, además, podían producirse en estado de vigilia y manifestarse en forma de apariciones o visiones. Sin embargo, únicamente el adivino estaba capacitado para interpretarlos, para ver en ellos mensajes enviados por el Cielo, para decir si eran propicios o nefastos y qué conclusión o previsión se podía sacar o deducir de ellos. Por supuesto, tales sueños eran muy excepcionales y, casi siempre, el mensaje o mensajes que contenían afectaban a la comunidad o al país.

Los sueños enviados por los dioses. Se podría pensar que tienen el mismo origen, significado y alcance que los precedentes. En realidad, para los chinos, los dioses eran enviados del Cielo, una especie de mensajeros y soldados celestiales, que tanto podían proteger a los humanos como desafiarlos o probarlos, según el caso, y también según sus méritos. Eran espíritus del bien y del mal, fuerzas de la naturaleza que no dejan de recordarnos a la bíblica cohorte de los ángeles. Estos dioses no siempre tomaban forma humana. Podían aparecer en sueños bajo el aspecto de demonios aterradores, dragones u otros animales fantasmagóricos y míticos, tan abundantes en la cultura china.

Por ello, este tipo de sueño solía manifestarse a un gran soldado antes de la batalla, por ejemplo, o a un hombre antes de cumplir una misión importante, una labor especial o una obra excepcional. El adivino encargado de interpretar este tipo de sueños debía, pues, prevenir al soñador de los peligros que corría o de las protecciones providenciales de que eventualmente podía disfrutar

Los sueños enviados por los antepasados. Tenían un sentido muy especial. En efecto, en China los antepasados o ancestros desempeñaban un papel prácticamente divino. Debemos entender que la mentalidad china difiere mucho de la nuestra en que, según aquella, el mundo sobrenatural e irracional no están totalmente separados, como tendemos a pensar en Occidente. Para los chinos, ambos mundos se penetran mutuamente. Están en relación permanente. Podemos salir de uno y entrar en el otro en cualquier momento, tanto si se trata de un ser vivo como de un ser muerto. Por ello, no es raro encontrar en la literatura china relatos en los que el héroe pasa del mundo de los vivos al de los muertos tan fácilmente como se pasa el umbral de una casa o la frontera de un país. Por tanto, los chinos tenían un profundo respeto por sus antepasados, a quienes creían siempre omnipresentes. Y no se sorprendían de cruzarse con ellos en medio de la calle o incluso de recibirles en su casa, como demuestran algunos relatos antiguos. Para un chino, no era del todo sorprendente encontrarse a uno de sus antepasados en un sueño y oír cómo le revelaba un mensaje. Más bien lo que le sorprendía, e incluso le inquietaba, era que ninguno de sus ancestros se le dirigiera o viniera a visitarle en sueños. En efecto, podía llegar a la conclusión de que sus ancestros le habían abandonado o rechazado, que había cometido una falta irremediable. En cambio, los que soñaban a menudo con sus antepasados se sentían protegidos y seguían al pie de la letra los consejos que les prodigaban durante su vida nocturna.

Algunos textos antiguos hacen alusión al hecho de que, en el momento en que los chinos de cierta edad dejaban de soñar con sus antepasados, deducían que pronto se reunirían con ellos. Una vez más, la interpretación del adivino era muy útil, y podía confirmar o invalidar el sentido de un sueño refiriéndose a factores astrológicos o a diversas artes adivinatorias.

Los sueños enviados por los fantasmas. Casi siempre eran aterradores, incluso aunque no tuvieran necesariamente nada que ver ni afectaran directamente al soñador. En este caso, podía comprobarse peligrosamente, puesto que estos fantasmas, que surgían de los sueños, eran espectros que habían sido víctimas, en vida, de una injusticia o un crimen, y reclamaban venganza atormentando al soñador, o bien resultaban ser almas errantes y mal intencionadas mandadas por brujos o brujas -ya que en China también había-, y llegados para perjudicar al soñador. El adivino, además de interpretar el sueño, desempeñaba la función de exorcista para acabar con los fantasmas.


La oniromancia en Egipto

 

Tal vez es en el antiguo Egipto donde encontramos los precedentes del estudio de los sueños, empleado para fines terapéuticos.

Para los egipcios, soñar era un despertar y el sueño el camino que conduce al despertar de la conciencia. En efecto, el bilítero que designa el sueño en los jeroglíficos deriva directamente del verbo que significa "velar" y "despertarse". Dicho de otra forma, según los egipcios de la Antigüedad, el soñador es el que vela y se despierta, un vigía, un buscador, un aventurero del alma y de la conciencia. Para ellos, no hay ninguna duda del carácter mágico y premonitorio del sueño, puesto que en su sueño, el durmiente entra en una realidad distinta, dentro de la cual se le puede revelar el futuro.

Esta visión que se le ofrece de su futuro es considerada un don de los dioses. En efecto, viendo su futuro en sueños, y recordándolo con claridad una vez fuera de su sueño, el soñador es capaz de prevenir los acontecimientos malos, las dificultades y los obstáculos que le esperan, que no duda que sean ineluctables, y conjurar de este modo las consecuencias nefastas o desastrosas. La fuerza mágica del sueño, don cedido por los dioses a los hombres, permite, pues, prever las circunstancias futuras de la vida y anticipar los acontecimientos venideros. Se  trata de una actitud totalmente inteligente y terapéutica, puesto que consiste en prevenir el mal antes que en curarlo.

NEITH Y BES, LOS GUARDIANES DEL SUEÑO

Pero el sueño es un lugar peligroso. Es el reino de la sombra, de los muertos, de los malos espíritus, de los espectros con malas intenciones. Según los egipcios, pues, para acceder al reino del sueño premonitorio, don de los dioses otorgado a los hombres, hay que tomar algunas precauciones. Por tanto, dos divinidades protectoras acompañan al soñador.

La primera es Neith, llamada "la que es" o "la Terrible", diosa guerrera cuyos atributos eran el arco y las flechas. Posteriormente, sería asociada a Atenea, en Grecia, y, al igual que ésta, se suponía que debía enseñar el arte de tejer a los hombres. Se trataba también, por tanto, de una divinidad del destino.

A veces se la esculpía en la madera de la cabecera de la cama del durmiente, representándola con su arco tensado, listo para lanzar una flecha sobre el demonio de la noche.

La segunda es Bes, que más que una divinidad era un espíritu común, con aspecto de enano barbudo haciendo muecas con el rostro. En su caso, figuraba entre los objetos de aseo, situados cerca de la cama del durmiente mientras dormía, pero a veces también se esculpía en los pies de la cama. Su atributo era un tamborcillo, que tocaba para ahuyentar los demonios de la noche.

Protegido por esta divinidad y este buen espíritu, el durmiente, aunque no se aseguraba un sueño tranquilo, al menos se consolaba antes de dormirse. Por si esto no bastaba, todavía podía recitar una oración a su despertar para eliminar los trastornos de su sueño, alejarle de los pensamientos nefastos, consecuencia de las pesadillas, o sacar provecho de los mensajes transmitidos por su sueño: "Ven a mí, ven a mí, Isis, madre mía. Sabes, he tenido visiones lejos de ti en tu ciudad.

-Heme aquí, Horus hijo mío: confiesa lo que has visto para que desaparezcan estas amenazas que pueblan tus sueños y que el fuego ataque a los que te asusten. Sabes, he venido para verte y eliminar tus males y extirpar todo lo que es pernicioso."

Como último recurso, el durmiente invoca a Isis la Hechicera, la gran protectora de Egipto y de los egipcios.

LA CASA DE VIDA

El sueño en Egipto era el viaje nocturno del alma al reino de los dioses. De esta estancia regular, el hombre podía aprender algo provechoso para su vida actual y futura. Se sabe cómo tenía que actuar para protegerse de las fuerzas del mal que pueblan sus pesadillas, ¿pero cómo podía interpretar sus sueños? Debía consultar a un intérprete de sueños o a un especialista en oniromancia, es decir, a un sacerdote-escriba que oficie en la Casa de Vida.

Se trataba de un lugar situado en las proximidades de las ciudades de Egipto, comparable a una especie de monasterio o instituto religioso, así como a un sanatorio o una casa de reposo, donde los sacerdotes copiaban y conservaban los manuscritos rituales y sagrados del antiguo Egipto, estudiaban y practicaban todo tipo de ciencias que estaban reservadas exclusivamente a los iniciados: astronomía y astrología, medicina, hemerología, adivinación y, por supuesto, teología. De manera que la Casa de la Vida de Dendera era célebre por las curaciones casi milagrosas que hacían los sacerdotes-escribas, médicos y hechiceros, así como por sus trabajos astrológicos de gran precisión. La Casa de Vida de Canope, la actual ciudad de Abukir, una localidad del actual Egipto situada al noreste de Alejandría, hacía las veces de centro de curación, donde los egipcios enfermos, depresivos o cansados iban a descansar, regenerarse o curarse, según el caso. Finalmente, la Casa de la Vida de Menfis tenía fama por sus curas de sueño y las revelaciones que los sacerdotes-escribas eran capaces de ofrecer a los soñadores, interpretando sus sueños.

Era, pues, un sacerdote-escriba, convertido en maestro de la interpretación de sueños, quien desvelaba al soñador el sentido de los mensajes contenidos en sus sueños, tanto utilizando su saber hacer, experiencia y su imaginación, como apoyándose en los formularios de sueños que, al igual que en Babilonia, existían en Egipto.

Sin embargo, parece que los egipcios llegaron aún más lejos en la ciencia adivinatoria de la oniromancia. Puesto que en la Casa de Vida de Menfis, por ejemplo, se utilizaba una técnica de sueños provocados: se ponía al soñador en unas condiciones determinadas, se le hacía ayunar, se le invitaba a cortar con el mundo exterior aislándole en una especie de celda de paredes blancas, en la que podía escribir o dibujar sus sueños, que luego el especialista interpretaba.

Es probable que este tipo de investigación y estudio de los sueños utilizado en Egipto fuese una forma de psicoanálisis anticipada, que se practicaba hace al menos más de 3.000 años.

 


La oniromancia en Babilonia

 

La interpretación de los sueños en Mesopotamia iba acompañada sistemáticamente de un ritual y era patrimonio de lo divino o del sacerdote.

Al hablar de la interpretación de los sueños en Babilonia, nos referimos a la tradición sumerio-acadia, asiria y caldea del arte de la adivinación y de la ciencia de los presagios, tal como se practicó en Mesopotamia.

La oniromancia, es decir, la interpretación de los sueños, ocupó un lugar primordial, evidentemente junto con la astrología, pero también junto a las artes de la aruspicina, es decir, la consulta de las vísceras de los corderos sacrificados -a partir de los cuales el adivino realizaba los oráculos-, la cresmología o la escucha de encantamientos o palabras extáticas, la fisiognomonía o estudio de los rasgos del rostro, la metoposcopia o el análisis de lunares, la oleomancia o adivinación realizada a partir de manchas de aceite, la teratomancia o los presagios relativos a los monstruos de la naturaleza, la belomancia que se practicaba dejando caer varias flechas o bastones al suelo y, finalmente y sobre todo, la cledonomancia, un arte adivinatoria basada en las coincidencias y correspondencias entre algunos acontecimientos fortuitos o naturales que se producían en un momento determinado, o en el momento que el consultante planteaba ciertas preguntas puntuales y relacionadas a las dificultades que se encontraba en la vida. En todas las civilizaciones, a la hora de consultar el oráculo de los dioses en cualquiera de estas formas, se recurría al adivino o bârû, un iniciado en el sentido verdadero de la palabra, que no sólo se mantenía en el más absoluto secreto y en la total confidencialidad, sino también en tanto que se sometía a ritos, usos, principios y reglas muy estrictas que le habían sido impuestos. Entonces, se puede considerar que ser adivino en Mesopotamia era un trabajo que implicaba un compromiso y una ética, sobre la que todos aquellos que hoy presumen de adivinos deberían meditar.

ZIQIQU, EL DIOS-SUEÑO, MENSAJERO DIVINO

Según la tradición y las creencias babilónicas, el sueño es un dios que toma el aspecto de un soplo, el Ziqiqu, que al caer la noche vaga entre el cielo y la tierra. Ziqiqu, el dios-sueño, es un demonio nocturno. Es una creación de la noche. Sin embargo, tal como lo describen los asirios, nos recuerda al doble etéreo y a la imagen del ángel como se representaría posteriormente, empezando por la que se plantearon los cabalistas con la noción de Selem o cuerpo astral. En efecto, el dios-sueño se sitúa bajo la doble influencia de Shamash o Uto, el Sol -que durante la noche continúa su viaje en el mundo oscuro e infernal y, por eso, se le consideraba el "rey de los espectros"-, y del dios Luna Sin o Nanna -que era un dios masculino e hijo de Enlil, una divinidad primordial y superior en el panteón de los numerosos dioses mesopotámicos, asociado al destino de los hombres-, pero también, en cierta forma, a la atmósfera de la Tierra, al Aire en tanto que elemento y, por consiguiente, al soplo en que aparece el Ziqiqu, el dios-sueño.

LA INTERPRETACIÖN DE LOS SUEÑOS EN BABILONIA

Para practicar el arte adivinatoria de la oniromancia e interpretar el mensaje transmitido por el dios-sueño, el adivino babilónico debe recurrir a las fuentes de su imaginación, además de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños de que dispone. Sin embargo, en Babilonia, solamente un adivino o sacerdote, llamado sha'ilu, "el interrogador", era capaz de interpretar un sueño. Además, al tener el sueño un carácter mágico, sagrado y demoníaco, se desaconsejaba al soñador entregar su sueño a otra persona que no fuera el adivino. Cuando el soñador se dirige a este último para descubrir y entender la interpretación que le dará de su sueño, el sha'ilu, antes de consultar los formularios de presagios relativos a los sueños y dar libre curso a su inspiración e imaginación para resolver el enigma de un sueño, leerá los textos rituales. De manera que la interpretación de un sueño va acompañada de una ceremonia. Por eso, este acto que lleva a cabo el adivino no es anodino, el soñador mide también su importancia y gravedad.
Estos textos enseñan que, para el soñador, contar o explicar su sueño, también es liberarse y librarse del mismo. Ahí se encuentra la noción de exorcismo inherente a cualquier cultura mesopotámica, donde las prácticas de la adivinación y la medicina siempre tenían  un carácter expiatorio y saludable.

LOS FORMULARIOS DE ONIROMANCIA DE BABILONIA

En Mesopotamia, cuna de la escritura cuneiforme, los hombres utilizaban esta maravillosa y genial invención para organizar la vida social y económica. De tal manera, sus reglas de vida administrativa y sus leyes fueron escritas. Ocurría lo mismo con todo lo que tenía que ver con relatos míticos, el panteón de los innumerables dioses, la adivinación y los presagios. En los archivos reales de Assurbanipal -gran rey asirio del siglo VII antes de nuestra era que conquistó Egipto y destruyó el Imperio de Elam y creó una fabulosa biblioteca en Nínive, capital de su imperio-, al arqueólogo inglés Austen Henry Layard, en 1850, descubrió más de 25.000 tablas.
Actualmente, se conservan en el British Museum de Londres, y aproximadamente cien de ellas constituyen una verdadera "clave para sueños". A continuación algunos breves extractos de este formulario para la interpretación de sueños, reconstruido metódicamente por el asiriólogo americano Leo Oppenheim. Son pasajes relacionados con animales, por supuesto se trata exclusivamente los que aparecen en sueños:

  • "Si un hombre se encuentra con un caballo: tendrá un salvador."

  • "Si un hombre se encuentra con un mono: tendrá hijos."

  • "Si un hombre se encuentra con una rata: comerá hasta hartarse."

  • "Si un hombre se encuentra con un ave: encontrará el objeto perdido."

  • "Si un hombre atrapa un zorro: tendrá un espíritu protector."

  • "Si atrapa a un zorro y luego se le escapa: un espíritu protector le abandonará."

  • "Si atrapa a un gato: realizará sus deseos y tendrá un espíritu protector."

  • "Si atrapa a un macho cabrío: se apoderará de él un espíritu malo."

  • "Si atrapa a un carnero: la justicia le perseguirá."