Actualmente, somos conscientes de que las fórmulas mágicas y
encantamientos -es decir, las palabras pronunciadas, murmuradas o
cantadas por el hechicero, mago, adivino, chamán o brujo en tiempos
pasados, con el fin de invocar un espíritu de la naturaleza, una
divinidad o unas fuerzas misteriosas que podían actuar y obrar en lo que
hoy en día llamamos mundo físico y material- provocan una sonrisa. Aún
más cuando, casi siempre, se nos presentan dentro del contexto de un
complejo ceremonial que nos parece anticuado o sin ningún fundamento.
La gente que cree en ellos y los que se dedican a este tipo de rituales,
nos parecen fuera del tiempo y poco dignos de confianza. Los exorcistas
y curanderos todavía nos merecen un poco de crédito, especialmente
cuando la medicina moderna no puede curar, ni tan solo aliviar una
persona que padece una grave enfermedad incurable o males que, a pesar
de todas las tentativas, han quedado sin remedio. Y sucede a menudo que
algunas intervenciones que se inspiran en la magia de nuestros
antepasados producen lo que todavía llamamos milagros. Pero nadie puede
demostrar si son debidos a los rituales y encantamientos utilizados
desde hace milenios, a la personalidad del hechicero o curandero, a la
convicción íntima, casi siempre inconsciente, del enfermo por querer
curarse por sus propios medios, sin recurrir a la medicina
contemporánea, o a otros factores que todavía no sabemos o no queremos
comprender actualmente porque no entran en nuestro campo de
investigaciones e indagaciones.
LA TEORÍA DEL CAOS
Sin embargo, señalemos que, inspirándose en los principios de la teoría
del Caos, recientemente unos matemáticos han establecido unos cálculos
que permiten "prever" y, consecuentemente, anticipar las crisis de una
persona que padece epilepsia.
No existe, evidentemente, magia alguna en este sistema, puesto que los
matemáticos utilizan números para demostrar realmente que aunque los
sistemas dinámicos caóticos son deterministas, es decir, sometidos a
causas que producen inevitablemente los mismos efectos, no por ello son
necesariamente previsibles.
Aquí reside una de las grandes paradojas a las que se ha visto
enfrentada la ciencia en nuestros días: ¿cómo puede determinarse una
cosa, su fenómeno, su causa y su resultado conocido de antemano, para
finalmente revelarse imprevisible, al menos desde un punto de vista
científico? Es, pues, gracias a esta paradoja, cuyo principio ha sido
demostrado matemáticamente, por lo que algunos científicos -que no
tienen la vanidad de creer que la ciencia ostenta todas las claves de
los misterios de la vida y de la realidad, y siguen incansablemente sus
investigaciones- hoy en día se plantean nuevas perspectivas que, hasta
entonces, estaban relegadas a un universo irracional, olvidado, dejado
de lado u oculto, porque no se someten a nuestros mismos instrumentos de
medición.
LOS NÚMEROS Y LA MAGIA
Ahora bien, en magia, los números desempeñan un papel muy importante,
aunque no tengan forzosamente el aspecto de números, sino de símbolos.
Por supuesto, en este caso no debemos concebir el número como la
representación de una cantidad, sino como un valor numérico absoluto,
formando un todo en sí mismo, al que no se le puede sumar ni restar
nada. Cada número o Número, es único. Contiene cierta cantidad de
cualidades, elementos y factores propios de él y actúa, interviene y
también se manifiesta, de forma exclusiva.
El hechicero estaba iniciado, evidentemente, en los poderes de los
Números sobre la realidad física y material. Por ello, las fórmulas y
encantamientos que pronunciaba y los símbolos geométricos que empleaba,
tenían el valor de Números.
Este principio sobre el que se basa la concepción de todos los
encantamientos queda perfectamente ilustrado en el lenguaje codificado
del alfabeto hebreo, cuyas 22 letras también son Números que, juntos,
constituyen el código secreto y sagrado de la cábala, que permite al
cabalista efectuar otra lectura de la Biblia. Según este código, al
corresponderse cada letra con un Número y al estar formado un nombre por
varias letras, un nombre es, pues, un conjunto de Números que -igual
que varias notas juntas para producir un acorde en cuyo interior, sin
embargo, cada nota conserva su valor intacto- engendra una vibración
especial que corresponde exactamente a un gran principio, a una fuerza
de la naturaleza.
ABRACADABRA
Para que entendamos bien cómo funciona un encantamiento cuando se
pronuncia en el momento oportuno, dentro del contexto ideal y de forma
adecuada, tomemos el ejemplo del encantamiento más utilizado en los
cuentos de hadas, y que el hada o la bruja, según el caso, pronuncia
para producir o deshacer un encantamiento: "abracadabra". Este
encantamiento tan antiguo se inspira en el griego. Pero éste, a su vez,
salió del hebreo, de manera que está relacionado con las letras-número
de la cábala.
En un principio, en hebreo, era arba dak, y significaba literlamente "el cuatro parte" (arba= cuatro y dak=partir).
En realidad, el cuatro que se invocaba en este caso no era otro que el
Cuatro, el Número sagrado o criptograma que simbolizaba Yahvé o el
Todopoderoso. Y lo que "partía" simplemente eran los cuatro elementos:
el Fuego, la Tierra, el Aire y el Agua.
En otros términos, abracadabra -encantamiento, del cual los cabalistas
de la Edad Media dijeron que significaba también "padre, espíritu y
palabra" (ab ruah dahar), es decir, "la palabra del espíritu del
padre"- invoca las fuerzas naturales simbolizadas por el Número Cuatro,
que disuelven los cuatro elementos que rigen la vida sobre la Tierra,
sin los cuales el hombre no podría vivir, para que vuelvan a encontrar
su armonía original; puesto que este encantamiento, efectivamente, se
empleaba exclusivamente con fines terapéuticos. Tenía como objetivo
curar al enfermo actuando sobre los cuatro elementos, de los que éste se
constituye.
