La Cábala. Ciencia iniciática y Experiencia espiritual

 

Antes de descubrir el camino recorrido por la cábala, desde Babilonia hasta nuestros días, debemos comprender la experiencia que nos invita a vivir.

Babilonia, tan criticada, desprestigiada y caída en el olvido durante tantos siglos, y actualmente vuelta a descubrir por los astrólogos, filólogos e historiadores contemporáneos, fue la cuna de nuestra cultura y su lengua se mezcla con raíces de la lengua akkadia, aramea y hebrea, que en aquel momento pasaban del estadio oral al escrito.

LA CÁBALA, UNA CIENCIA INICIÁTICA

Pero, mientras en el siglo VI antes de nuestra era se dio la aparición de 5 profetas o visionarios que revolucionaron el pensamiento religioso, filosófico, así como las costumbres y la vida social de los hombres y las mujeres de todos los rincones del mundo, en Babilonia, los caldeos, que eran sacerdotes, magos, matemáticos, astrónomos y astrólogos, entre otras cosas, crearon una auténtica ciencia iniciática. Precisemos que los caldeos no eran todos judíos, ni mucho menos, puesto que toda la región que cubría la antigua civilización mesopotámica fue una constante mezcla de pueblos y culturas, empezando por la mezcla nacida de la llegada de los apkallu sumerios, que se supone que surgieron del mar, y su encuentro con los semitas, autóctonos del antiguo Oriente Medio. Esta ciencia iniciática ejercería, y todavía lo hace, una influencia preponderante sobre la mentalidad, las costumbres y las creencias de cualquier civilización llamada judeocristiana. Extrapolando y aventurando un imaginario salto hacia delante en el tiempo y en la historia, que nos trae a nuestra época, veremos que todavía no hemos asimilado, integrado y comprendido las lecciones vitales que transmite y contiene esa ciencia iniciática. Y, en cierta forma, se puede decir que quienes la crearon, en una época en que los hombres empezaban su penoso recorrido que les conduciría a sacar provecho del mundo en que vivimos actualmente de forma metódica, racional y científica, pero con una cruel falta de perspectiva a largo plazo y una ausencia de visión sintética, habían previsto o presentido que se necesitaría mucho tiempo para que su ciencia iniciática se volviera accesible.

EL FUTURO Y EL DEVENIR SEGÚN LA CÁBALA

Sin embargo, al contrario de lo que algunos, que se las ingenian para mantener el misterio en su propio provecho, quieren hacernos creer, no sólo el código de la cábala no es ajeno a nuestra cultura, sino que tampoco es incomprensible. Simplemente induce a una gimnasia del espíritu que, por desgracia, actualmente ya no practicamos, y también recurre a la lógica y a la paradoja, a principios aparentemente inmutables que, sin embargo, se regeneran, se transforman y cambian permanentemente, y que se basan en cualidades y aspiraciones humanas: la curiosidad, la generosidad, el conocimiento, la comunión, la realización de uno mismo y la Unificación. Por eso, hay que poner en guardia contra todos aquellos que quisieran hacer creer que gracias al código de la cábala, que en efecto favorece una lectura diferente de la Biblia -pero no solamente de la Biblia-, en el cual se mezclan hechos históricos, mitos, leyendas, creencias y datos esenciales para la realización del ser humano, se puede traducir del Libro de los Libros y obtener así textos que predicen el futuro ineluctable de la humanidad. En efecto, para el ser humano, dicho fatalismo excluye cualquier posibilidad de poder ejercer su libre albedrío. Si nuestro futuro ya fue percibido, establecido o escrito por nuestros antepasados, ¿para qué actuar, crear o vivir, ya que todo lo que debe ocurrir, se produce de forma fatal? La predestinación, vista desde este ángulo, no existe.
Éste es el matiz que se establece hoy entre el futuro y el devenir. El futuro está en relación con el destino, es decir, el contexto en el cual el ser humano nace, crece, vive y con las circunstancias con que se encontrará. Este contexto, evidentemente, preexiste antes que él, y existirá también después de él, de una forma u otra. Pero es libre de actuar según su voluntad, deseos, motivaciones y, en un grado más elevado, según su conciencia y espíritu. Puede convertirse en dueño de su destino y, por consiguiente, de su futuro. Éste es el sentido del futuro.

LA CÁBALA, UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL INDIVIDUAL

Por eso, la práctica de la cábala, tal como fue creada, es ante todo una experiencia espiritual. Afecta al individuo más que a la comunidad. Y si a partir de este principio, y por ayudar a aquellos que desean acceder a ella, se han elaborado, y más tarde instituido, unas reglas de conducta moral y social, y luego jurídicas, cuyas fuentes de inspiración las encontramos en el Talmud (término hebreo que significa estudio o enseñanza y que es una vasta compilación de códigos, enseñanzas e interpretaciones de la Torah o código escrito del judaísmo, que se adaptan a cualquier circunstancia de la vida), fue únicamente con el fin de preservar y aprovechar las enseñanzas de experiencias humanas individuales, anteriores y ejemplares, que pueden ser útiles a las comunidades actuales y futuras, y favorecer la realización del ser humano.
Por eso, todas las doctrinas religiosas o ideológicas fanáticas que a veces apartan estas reglas y leyes de su objetivo inicial, para servir a la causa del poder o de la servidumbre física y moral de los individuos, pueden considerarse fuera de la "Ley". En efecto, los principios enunciados por los textos interpretados según el código de la cábala animan a la benevolencia, a la generosidad, al espíritu de tolerancia, al diálogo sistemático, a la constante puesta en duda de las propias convicciones a la luz de hechos y circunstancias de la propia vida, pero también de sus actos, y a lo que los cabalistas llaman la Unificación. Por eso, el Sello de Salomón o la cruz de David son símbolos unificadores. El zodiaco también es uno de ellos y también los hexagramas del I Ching.
Ahora bien, el símbolo unificador tiende a conciliar todo lo que, a priori, parece irreconciliable, a juntar los contrarios y a unir los opuestos. La experiencia vital que la cábala nos invita a tener consiste en realizar esta unificación en uno mismo, es decir, en el ser humano, el medio de descubrir y aprovechar una energía psíquica poderosa y creadora, favoreciendo su crecimiento espiritual y la elevación de su espíritu.


La Cábala: De Moisés a Babilonia

 

La historia y los orígenes de la cábala, así como sus fundamentos y su discurso han estado, y siguen estando, rodeados de misterios.

No se puede separar la cábala de la historia, la vida, la cultura y las creencias del pueblo hebreo. Sin embargo, si hoy en día conocemos el recorrido histórico del pueblo de Israel y los orígenes históricos tanto de la Biblia como de la cábala, en cambio las circunstancias en las que esta última nació no son muy conocidas.

¿QUÉ ES LA CÁBALA?

Qabbalah, en hebreo, significa esquemáticamente "Tradición" o "Revelación". La mayoría de las veces, se dice que procede de los tiempos de Moisés, el padre del monoteísmo, es decir, del siglo XIII antes de nuestra era. Qabbalah sería, pues, Qibel, La ley oral, que Moisés recibió de la mano de Dios en el Monte Sinaí, al mismo tiempo que la Torah o Ley escrita.
Esta referencia es muy interesante si entendemos que estamos en presencia, por una parte, de una Ley oral,y, por otra, de una Ley escrita. En efecto, en aquellos tiempos remotos, en que la escritura todavía no formaba parte integrante de la cultura y de la vida cotidiana de los hombres, difícilmente se podía plantear su utilización para nombrar lo innombrable: ¡lo Divino!
No debemos olvidar que las primeras escrituras cuneiformes mesopotámicas, y más tarde el primer alfabeto, creado por el gran pueblo de marineros y comerciantes de los fenicios, se emplearon para organizar la vida social, administrativa y, actualmente diríamos, civil y política, para presumir de los méritos de los reyes y contar las hazañas guerreras ejércitos. Por lo tanto, que las reglas de la vida social de carácter religioso y las que figuran en la Torah fueran escritas era muy comprensible en aquella época. Pero también se entiende que lo que revela algo sagrado y Divino, y con mayor motivo, una entidad superior a todas las existentes y a la que Moisés invoca, no pueda fijarse de una vez por todas en un esquema que sería susceptible de convertirle en palpable y accesible, y reducido a un simple nombre.
De entrada, diferenciamos dos corrientes distintas y complementarias: la primera se refiere únicamente a la Ley escrita, corriente que podríamos calificar de religiosa, susceptible de suscitar todo tipo de reflexiones, de debates y profundos estudios de orden moral, filosófico o incluso jurídico; la segunda se inspira en una Ley transmitida exclusivamente de forma oral y se basa al mismo tiempo en una iniciación y una experiencia directa, haciendo así alusión a una perspectiva mucho más mística.
Por supuesto, la cábala corresponde a esta segunda vía. Razón por la cual siempre estuvo rodeada de misterios y, por eso, fue blanco de las interpretaciones más fantasiosas. Algunos dicen, incluso, que pasar por la experiencia de la cábala puede volver loco o poner en peligro al adepto no preparado, mal instruido o que no ha sido iniciado. Realmente, resulta muy difícil traducir los grandes principios transmitidos por la cábala, puesto que utiliza factores y elementos que son accesibles más fácilmente a través del pensamiento puro que mediante conceptos.

LOS ORÍGENES HISTÓRICOS CONOCIDOS DE LA CÁBALA

Al hablar de Moisés, no hacemos más que considerar una probabilidad en relación con los orígenes históricos de la cábala. De hecho, encontramos sus primeras huellas auténticas identificables a partir del año 538 antes de Cristo, en el momento en que Ciro, rey de los persas, avaló a los exiliados de la tribu de Judea para que el pueblo hebreo pudiera volver a Jerusalén. Tal vez recordaremos que entonces, en la actual Tel Aviv, Babilonia, el profeta Ezequiel anunciaba la resurrección de Jerusalén, consultando los oráculos con amuletos de huesos desecados (Ezequiel, 37, 1-14). Lo que nos confirma de paso que algunos de los profetas de la Biblia, como por ejemplo Ezequiel, empleaban con frecuencia la videncia deductiva. Este período, durante el cual el pueblo de Israel recobraba su identidad, coincide con aquel en que, en las regiones de Oriente Medio, cuna de nuestra civilización moderna, se mezclaban los magos babilonios, caldeos, arameos y persas; período también que vio cómo se sustituía la lengua acadia por la lengua aramea, mucho después de que la primera hubiera sustituido la sumeria, lengua original de Mesopotamia. Es muy importante subrayar todos los detalles de este contexto cultural tan cargado, donde las creencias, las adivinaciones y los adivinos múltiples y variados casi siempre se cruzan, a veces incluso confunden, y donde para algunos fue primordial preservar una tradición, a riesgo justamente de perderse en dicho contexto.
Ya se sabe a través de la Biblia y la historia lo que ocurrió con esta mezcla, de este concierto de conocimientos y saberes de aquella época y cuyo símbolo fue la Torre de Babel, es decir, el zigurat de Babilonia. Sin embargo, no se duda que Babilonia fuera entonces un lugar importante de conocimientos y de saber de la humanidad, que tal vez habría podido ser un trampolín de una evolución más rápida para la humanidad, si no se hubieran cometido ya algunos abusos en esos tiempos remotos, puesto que el mismo Pitágoras (filósofo y matemático griego, nacido hacia 570 y muerto hacia 480 antes de Cristo) llegó a consultar a los magos de la gran ciudad e iniciarse en sus escuelas.
También fue durante el dominio aqueménida de los reyes persas cuando se constituyó por primera vez el zodiaco de los 12 signos y aparecieron las primeras huellas de la astrología llamada geneática, es decir, que tiene en cuenta la fecha del nacimiento de un individuo, mientras los redactores judíos de la Biblia escribían Las Crónicas, Los Proverbios, El Libro de Job, los libros proféticos de Zacarías, Ageo y Malaquías, y sobre todo, el espléndido Cantar de los Cantares, texto poético y místico, del cual los cabalistas reivindican su única interpretación posible.


Los sueños premonitorios

 

Podemos obtener buen provecho de los mensajes preventivos que contienen nuestros sueños premonitorios. 

Si se aborda la función la función del sueño desde un punto de vista terapéutico, se puede considerar que todo sueño alivia, libera o reconforta.
Así pues, para el alma humana soñar sería una necesidad vital. En este sentido, es importante constatar que, cualquiera que sea el ángulo bajo el que se analice, estudie o interprete un sueño, todos los que se interesen por la función onírica común a todos los seres humanos coinciden en creer que el sueño siempre actúa a modo preventivo. Se trata de una virtud innata, en la que deberíamos inspirarnos en nuestra vida consciente y activa.
Por eso, así como cualquier sueño previene al soñador de un hecho, de un estado o de una situación que le afecta personalmente, antes de que sufra las consecuencias, se puede llegar a la conclusión que un sueño, del tipo que sea, es premonitorio por sistema.
Lo que nos lleva a creer que todos poseemos un don de premonición, que aprovechamos de forma espontánea y natural cuando soñamos, aunque por supuesto sin saberlo. Puesto que casi nunca dominamos nuestros sueños. Dicho de otra manera, muchas veces no podemos decidir antes de dormirnos, únicamente con nuestra voluntad, el contenido del sueño que tendremos.

¿PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS?

No puedes controlar los sueños con la perfección que controlas, por ejemplo, con más o menos acierto y reticencias, tus instintos, pulsiones o impulsos. Sin embargo, si en estado consciente tu espíritu se ve impresionado por un sueño que acabas de tener mientras dormías y te parece cargado de sentido, tómate el tiempo necesario para escribir tu sueño tal y como lo recuerdas en aquel momento. En efecto, la memoria del sueño y la de la vida consciente no funcionan del todo con el mismo registro ni con los mismos criterios. La primera es mucho más volátil, fugaz e inasequible que la segunda.
Utiliza la imaginación, la emoción y las impresiones, por lo cual, a veces, es difícil de traducir o comunicar en la realidad.
Sin embargo, si admitimos que todo sueño es premonitorio, en el sentido de que previene de algo importante, es útil realizar este pequeño esfuerzo, tomar un poco de tu tiempo y aplicarte en la tarea de contarte "a ti mismo" por escrito tu sueño. De manera que integrarás  en la realidad esta parte relativamente inasequible de ti mismo, producida en tu sueño. Y, tarde o temprano, sabrás distinguir el mensaje que contiene. Con este fin, fíate siempre de tu primera impresión, en vez de llegar a los análisis demasiado teóricos o realistas que tendrás la tentación de realizar.
Evita asimismo referirte a demasiadas consideraciones o indicaciones exteriores, puesto que tu sueño contiene todas las informaciones necesarias para comprender su significado. En efecto, un sueño de idéntico contenido en dos personas distintas no tendrá necesariamente el mismo significado ambos individuos en cuestión. Todo sueño es profundamente intrínseco y personal, y aunque recurrieras a una tercera persona o a tratados de interpretación de sueños (a no ser que sean rigurosamente científicos, y de éstos hay muy pocos), el único sentido importante es el que tú le des. Este sentido tal vez de entrada no lo encuentres. Pero desde el momento en que hayas escrito tu sueño, podrás releerlo, ir pensando en él y, en un momento u otro, obtendrás su significado profundo.

¿CÓMO PODEMOS CONTROLAR NUESTROS SUEÑOS Y SACAR PARTIDO DE NUESTROS SUEÑOS PREMONITORIOS?

Todos nuestros sueños contienen mensajes de prevención, pero no todos tienen la misma importancia.
Debemos fijarnos, pues, en aquellos que realmente nos impresionan.
Y debemos intentar que no se nos escapen. Retenerlos, captarlos y llevarlos a nuestra memoria consciente. Hecho esto, el día en que seas capaz de comprender el mensaje contenido en tu sueño, también serás capaz de influir sobre tu próximo o próximos sueños. ¿Cómo? Existen dos posibilidades:
. Has comprendido y asimilado perfectamente el sentido de aquel sueño que tanto te impresionó, sacas las conclusiones necesarias y actúas a modo preventivo en tu vida consciente.
No se hace alusión obligatoriamente a hechos o acontecimientos concretos de tu vida, sino que se trata, sobre todo, de movimientos interiores, sentimientos contradictorios, ideas que todos tenemos y actos consecutivos, a veces equivocados que entonces cometemos;
2ª. Has comprendido el sentido de tu sueño, aun a pesar tuyo, sin realmente saberlo o ser consciente de ello, o de forma más intuitiva que práctica. No puedes, pues, obtener todas las conclusiones necesarias ni actuar a título preventivo.
En el primer caso, con total conocimiento de causa, la noche antes de dormir, justo en aquel momento en que estás perfectamente relajado y te dispones a entrar en el sueño, intenta no dormir durante un corto instante, vuelve a pensar en tu sueño, aquel que fue revelador para ti, e imagina que te preguntas al respecto para saber si lo has interpretado bien, si lo has visto bien, si en lo sucesivo actúas acorde con el sentido del mensaje preventivo que te transmitió. Sin duda, entonces, volverás a tener otro sueño, que será la prolongación del primero, tal vez no esta noche, pero sí la noche siguiente, o la otra, puesto que a veces hay que llamar varias veces a la puerta antes de que se abra para iluminarnos. En la segunda opción, procede de igual modo que en la primera. Sin embargo, como no habrás comprendido el sentido real de tu sueño, tendrás otro sueño, que será como una repetición del primero, pero seguramente abordado desde otro punto de vista y te permitirá tal vez deducir el mensaje que contiene para ti.


Los sueños colectivos

 

Uno de nuestros puntos comunes es que todos soñamos. Con frecuencia también tenemos los mismos sueños. Pero, para cada uno de nosotros, tienen un significado distinto.

Según ciertas creencias ancestrales de connotación mágica y, por supuesto, de carácter sagrado, en la naturaleza existen grandes fuerzas que rigen la vida sobre la Tierra. A menudo se representaron con un aspecto aterrador, para subrayar de tal modo su fuerza y sus poderes. A veces fueron incluso deificadas. El chamán, elegido entre los hombres debido a un don particular, que le raptaba en éxtasis o le transportaba hacia otro campo de visión del mundo y de la realidad, revelaba en efecto disposiciones singulares para comunicarse con ellas. Así, podía adquirir el conocimiento de estas fuerzas irreales, invisibles e impalpables, pero cuyas manifestaciones eran, sin embargo, muy reales y físicas, puesto que incluso podían, en algunas circunstancias, utilizar todos los elementos, o explotar todas las formas de vida para aparecer, imponerse e intervenir en la vida de los hombres, experimentarlas o aliviarlas, según el caso. Actualmente, cuando ya hemos investigado la materia y conocemos la existencia de los átomos y las células, sonreímos al pensar en nuestros ingenuos antepasados, que creían firmemente que el fuego y el viento poseían un poder tan grande que podían dominar al hombre y la Tierra. Sin embargo, cada vez que los elementos se desencadenan en alguna parte de nuestro planeta, devastándolo todo a su paso, no podemos evitar un escalofrío de congoja. ¿Se trata del desagradable recuerdo de los espantos y los horrores que antaño conocimos, en que los hombres y las mujeres estaban bajo el yugo de la tiranía de la tierra, del agua, del fuego y del viento, los 4 elementos que presiden la vida sobre la Tierra? ¿Se trata pues, de un miedo ancestral, oscuro, pero profundamente escondido, incluso arraigado, que se hace eco de otro miedo, que todos tenemos en común, y al que nadie puede escapar, por más lúcido, realista, inteligente y sensato que uno sea: el miedo a la muerte?

LA MEMORIA COLECTIVA O LA TERCERA VÍA DE LA CONCIENCIA

De tal manera, debe existir una memoria colectiva, una especie de mar inmenso de pensamientos, de visiones, de experiencias vividas, de actos realizados por nuestros antepasados desde hace lustros, desde que los hombres y las mujeres se distinguieron de las otras especies que viven sobre la Tierra, por no se sabe muy bien qué misterio, proceso o prodigio.

De ser así, se debe poder demostrar su existencia. En efecto, parece lógico, pero no es tan simple. 
Habrás observado, como todo el mundo, que un sueño muchas veces es incoherente, fantasioso, irracional e inverosímil. En otros términos, lo que a veces nos sucede al "vivir un sueño", como suele decirse, nos parece imposible de vivir despiertos, en la vida real. Esa inverosimilitud sólo la admitiremos en el cine; como apuntaba Alfred Hitchcock  cuando se le reprochaba que proponía a los espectadores escenas inverosímiles: "el cine no sólo debe realizar verosimilitudes", le gustaba decir.
Asimismo, al vivir una experiencia extraordinaria, o que nos pone en tal estado de exaltación o emoción, que tenemos la sensación de sentirnos aliviados del peso de las realidades materiales y de las vicisitudes de la vida cotidiana, entonces decimos que hemos estado "viviendo un sueño". Estos dos ejemplos demuestran que todos estamos convencidos que el sueño procede de otro mundo, tal vez de otra realidad, pero que no tiene nada de real en el sentido en que lo entendemos normalmente.
Siguiendo, pues, con este razonamiento, se puede afirmar que existe una escritura del mundo real y un lenguaje inherente al universo onírico. Este último utiliza los símbolos y juega con la realidad. A veces, tenemos la sensación de que no tienen ningún sentido, de que son totalmente absurdos. Sin embargo, cada vez que se dirige a nosotros, nos transmite un mensaje y nos muestra o nos enseña algo. Entonces, ¿por qué, hoy en día, ya no comprendemos su lenguaje? ¿Por qué cualquier niño que acaba de nacer, aprende a nadar y caminar, y su cerebro de entrada parece estar bien estructurado para aprender a hablar y a escribir, de forma espontánea o instintiva, y en cambio no comprende del mismo modo el lenguaje de los sueños? Para responder a esta pregunta, nos podemos situar en un punto de vista religioso, o bien en un punto de vista psicológico: el primero se resume en función de pecado y falta original; el segundo, desde el punto de vista de culpabilidad e inhibiciones.
Sin embargo, existe una tercera vía, más generosa, pero tal vez también más peligrosa en cierta manera. Se trata de la que nos conduce por los caóticos y vertiginosos vericuetos de esta gran memoria común, simbolizada en las civilizaciones antiguas por las aguas matriciales y originales, el caos universal, de donde habría resurgido toda materia y toda vida vegetativa, y luego inteligente.

TODOS LOS SUEÑOS SON COLECTIVOS E INDIVIDUALES

Si estamos dispuestos a aceptar la existencia de esta tercera vía, entonces debemos dar muestras de gran humildad. En efecto, ésta implica que existe un plano de conciencia en el que todos estamos al mismo nivel, absolutamente iguales y tal vez incluso indiferenciados unos de otros, compartiendo los mismos pensamientos, hablando el lenguaje y teniendo el mismo gran sueño. ¿No es éste el símbolo que se desprende de la leyenda bíblica de la Torre de Babel?
Cuenta esta leyenda, que antaño los hombres y las mujeres hablaban todos la misma lengua. Y más tarde, como siempre, se cometió una falta y ya no se entendieron más entre sí y, desde entonces, los hombres y las mujeres deben hacer grandes esfuerzos para comprenderse. Sin embargo, en nuestros sueños, todos utilizamos el mismo lenguaje, y tal vez, a pesar de todo, nos comuniquemos gracias a él.
En todo caso, nuestros sueños a menudo se refieren a una realidad que es la misma para todos, al menos en apariencia. Luego se modela, se deforma o se transforma, de manera que tiene un único sentido para nosotros. De modo que todos los sueños toman una interpretación y una visión colectiva del mundo y de la realidad, para transmitirnos mensajes personales, íntimos o individuales.